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Psicópata americano
Por: Santiago Garcia – Leer Cine
Publicado en 04/12/2025 10:19
QUÉ MIRAR / PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

  

No soy un fanático de la novela del siglo XX. Más bien lo contrario. No lo digo con orgullo ni tampoco con vergüenza. Es, básicamente, una cuestión de gustos. Hasta que no termine de leer (y en algunos casos releer) toda la obra de Stevenson, Conan Doyle, Dumas, Conrad, Dickens y otros autores representantes de la novela del siglo XIX no veo buenos motivos para meter las narices en las novelas del siglo siguiente. Esta exageración que yo mismo podría discutirme con muchos ejemplos es para decir que no es común que se despierte en mí el deseo natural de sumergirme en una novela del siglo XX, muchísimo menos si del final de dicho siglo. He descubierto que me gustan más las adaptaciones cinematográficas de las novelas que las novelas mismas. Exactamente lo contrario a lo que ocurre con el siglo XIX. ¿Esto significará algo? No tengo la más remota idea. Los cierto es que luego de ver Psicópata americano por primera vez sentí la necesidad imperiosa de leer la novela de Bret Easton Ellis. Y tal excepción a mi propia regla me llenó, debo confesarlo, de alegría. Lo que sigue no será, de todas maneras, un análisis minucioso de la adaptación de la novela a la pantalla. El guión de Mary Harron y Guinevere Turner logra adaptar una obra difícil, casi imposible me atrevería a decir, y lo consigue con un film que no necesita de la novela para despertar interés ni ser asociado con ella para ser una de las películas más interesantes del cambio de siglo.

En la época en que transcurre la historia de American Psycho, se estrenaba Wall Street, de Oliver Stone, una película que pretendía ser una feroz sátira del mundo bursátil y de la ambición ciega de una generación. A pesar de sus intenciones, resultó ser una película bastante simple y sin ideas muy trascendentes sobre este universo. En esa misma época el dueño de la taquilla era el actor Tom Cruise. Igual que en las décadas siguientes, por cierto. Pero no se trataba del mismo Tom Cruise de hoy. Aquel era un eterno adolescente que desde Negocios riesgosos representaba como nadie a los jóvenes ambiciosos que veían en Wall Street el único desafío a la altura de sus sueños. Hace poco, al volver a ver Cocktail, protagonizada por él en 1988, me sorprendió descubrir que era esta película y no Wall Street la que lograba captar el espíritu de la época. Y era Tom Cruise, en un aspecto no literal, el representante ideal de esa generación. American Psycho podría haber sido protagonizada por él, y de alguna manera lo está. Ambos personajes son dos caras de la misma moneda. Y ahora llega Psicópata americano, que sin enterrarse en una denuncia de lectura rápida o un subrayado moralista, consigue retratar de nuevo una época, incluyendo además un análisis de la música popular de ese momento y la iconografía que forman miles de marcas y lugares alrededor del protagonista. Mi teoría de que Cocktail es el film más representativo de esa época y sobre la importancia de Tom Cruise como ícono de esa generación se ve respaldada, para mi sorpresa, también en la novela. El protagonista de American Psycho se cruza en el ascensor con el mismísimo Cruise e intercambian unas palabras precisamente sobre Cocktail. Hay un leve desprecio entre ambos, como si fueran conscientes de ser parte de lo mismo. Este pequeño y sutil hallazgo es uno de los muchos que tiene la novela.

Aunque se trate de una película de difícil difusión y hecha en los márgenes de la industria, el retrato de la época no está armado con el habitual trazo grueso del peor cine independiente americano de la misma época. Esto la convierte en una película más valiosa y sólida, con mayores posibilidades de trascender la época de su estreno. La sobriedad discursiva está respaldada por la puesta en escena de la directora. Harron, quien antes filmó I Shot Andy Warhol, no utiliza prácticamente ninguno de los lugares comunes de la estética publicitaria de directores como Fincher, Parker u otros del mismo período, a quienes es muy fácil imaginarse filmando Psicópata americano de manera muy diferente. No recurre a una descontrolada multiplicidad de cortes, ni introduce en la imagen efectos que comprometan el clasicismo de la puesta en escena. Los movimientos de cámara son suaves cuando se lo requiere o un poco más veloces en el clímax, pero nunca se acercan a lo excesivo, ni siquiera a lo molesto. Y lo mismo ocurre con la dirección del sólido elenco, en el que el casting mismo demuestra lo que la directora piensa sobre la actuación en el cine. Los actores buscan la sobriedad aun en el descontrol. Y hasta el humor de la película -un elemento que permite caer fácilmente en la demagogia- es muy negro pero de perfil bajo y muy ambiguo. Toda la violencia -que es mucha- está manejada con pudor y no hay nada explícito, pero el clima que se logra hace que se la sienta con gran intensidad, alcanzando momentos de verdadero horror.

La novela lleva sus premisa al extremo y por lo tanto se vuelve un tour de force que la convierte en un elemento más rico para los manuales que para leerla más de una vez. Por ejemplo, el protagonista describe con una minuciosidad insoportable cada una de las marcas que usan él y sus allegados. Pero lo mejor es cómo describe la música de la época desde el punto de vista del yuppie psicópata. La película reduce ese tour de force y apuesta a la parte narrativa, y de ese modo consigue ser más atrapante y mucho más interesante. Aunque el cine de los últimos años ha dado ejemplos de historias parecidas a las que cuenta la novela American Psycho, no hay que cometer el error de pensar que la película está copiándose de esos films. Más bien ocurre lo contrario. Como se dijo antes, la película se destaca por su sobriedad en un terreno muy difícil, y además no presenta denuncias de confusa ideología y tono evangelizante. El protagonista no es un ángel vengador y sus asesinatos no ocultan una lectura moralista. Es un personaje aberrante que, más allá de la imposible identificación con él y salvando las distancias, deja flotando en el aire otra idea inquietante: la de que en nuestro interior todos estamos solos, sumergidos en un universo que nadie más conoce y que, quizás, está exclusivamente dentro de nuestra cabeza.

 Psicópata americano (2000) - IMDb

Santiago Garcia

www.leercine.com.ar

 

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