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Avatar: fuego y cenizas
Por: Santiago Garcia – Leer Cine
Publicado en 18/12/2025 08:11
QUÉ MIRAR / PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

  

Avatar: Fuego y cenizas (Avatar: Fire and Ashes, Estados Unidos, 2025) es la tercera parte de la pentalogía de Avatar creada por James Cameron. Comenzó en el año 2009 y se completará, según dice el plan, en el año 2031. Nadie puede negar lo ambicioso del proyecto ni tampoco el éxito de las primeras dos entregas. La calidad de estas y su impacto tecnológico, plasmado en imágenes, también ha sido abrumador. Sin embargo, hasta el propio realizador sabe que esta tercera entrega es un punto de crisis. Pensar en seis años más y otras dos películas al empezar a ver este nuevo film, se vuelve una experiencia menos atrapante. No importa cuánto dure la película, sabemos que apenas vamos a llegar a la mitad de toda la saga promediando la visualización de esta entrega y al terminar quedan años de espera y dos películas por ver. Cuando se estrenó la parte 2 hubo un reestreno del primer film y fue casi una obligación así como un placer, revisarlo. La tarea de hacer nuevamente esto ya se ha transformado en algo arduo. No hay novedad en el frente, no una que nos haga sentir que hemos dado un nuevo gran paso en la saga.

James Cameron tiene una filmografía asombrosa. Terminator, Aliens, El abismo, Terminator 2, Mentiras verdaderas y Titanic. Luego del éxito y los premios de la última de estas películas, estrenada en 1997, Cameron se sumergió en la saga de Avatar, el trabajo más grande de su vida, mientras que en paralelo siguió haciendo documentales vinculados con el océano. Merecidamente, Avatar fue bien recibida. Su historia, sus personajes, su cosmovisión, todo hablaba de un autor cinematográfico en pleno control de su arte. Aunque lo que ofrecía Avatar: el camino del agua (Avatar: The Way of Water, 2022) era más asombro que novedades, el impacto visual le pasaba por encima a todo lo que podía sospecharse como una repetición. Con razón, se puede decir que James Cameron es un creador de mundo, uno que a partir de su creación, reflexiona sobre aquel en el cuál todos vivimos. Religión, naturaleza, humanismo, todo mezclado en largometrajes de alto impacto visual. Pero el germen del agotamiento ya se había instalado. La parte tres muestra una incapacidad de controlar ese arte en alguno de sus aspectos y la variable más ambigua de un autor: sus obsesiones lo llevan a aislarse de la realidad y es que quince horas tal vez sea demasiado para contar una historia a través de más de veinte años. James Cameron tal vez termine su carrera como cineasta sin salir de este mundo azul. Es su elección, pero es difícil seguirlo, incluso teniendo la mejor voluntad y un enorme respeto por su obra. Igual James Cameron lo sabe y por eso estos últimos tres films se desarrollaron al mismo tiempo. Si el público se cansa, las películas ya estarían preparadas de todos modos.

Luego de asentarse con el clan Metkayina, la familia de Jake y Neytiri sigue en proceso de duelo tras la muerte de su hijo Neteyam. El conflicto central acá es que aparece una nueva y agresiva tribu Na’vi, el clan Mangkwan, también conocido como el Pueblo de las Cenizas, liderado por Varang. También sigue estando el gran enemigo de Jake, Quaritch, y entre estas tres fuerzas se construirá la batalla que, una vez más, pone en riesgo a Pandora y a toda su gente. Los humanos se dividen entre buenos y malos y ahora también los Na’vi. Pero, como siempre, dentro de la familia y cada grupo aparecen a su vez otros conflictos internos, excepto con los Mangkwan, esos no tienen matices. No tiene nada de malo crear situaciones simples en películas complejas, pero Avatar respira una pretenciosidad tan enorme por momentos, que las peleas de los adolescentes con sus padres parecen demasiados tontas y básicas. Una situación de drama televisivo más que un drama épico cinematográfico. Se entiende perfectamente lo que James Cameron quiere decir con cada situación, con cada personaje, con cada decisión, tan sólo parece muy pequeño todo como para sumergirnos en semejante grupo de largometrajes durante el resto de nuestra vida.

En manos de cualquier otro director, la película sería intolerable. Narrador hábil, Cameron arma un buen relato, sin duda. Cuando parece una película de piratas o un film bélico, todo se eleva al gran espectáculo. Nos olvidamos, casi todo el tiempo, que estamos observando un mundo completamente creado por él, casi sin rastros de realidad o referencia cotidiana. Hay muchos buenos momentos, incluso demasiados en tanto que se repiten y giran para llegar al mismo punto de inicio. No hay otra película donde más personajes sean tomados prisioneros que en Avatar: fuego y cenizas. Incluso los mismos personajes. Es simplemente agotador.  Y tal vez lo único que realmente me decepciona de forma irremontable en la película: la naturaleza que tanto ama James Cameron, no se ve real. Las criaturas -algunas completamente absurdas, pero no entraremos en este tema- funcionan por momentos, pero no hay un solo plano donde la arena o la tierra se vean auténticas. Es un mundo virtual que se ha desprendido de todo y ya no nos pertenece a los que vivimos en la Tierra. Ni las cenizas, ni la sangre, ni la madera, nada se ve auténtico, todo se ha perdido. Con algo de cansancio y resignación, esperamos la llegada de Avatar 4 y Avatar 5, esperando de una vez por todas el final de la saga.

 

Santiago Garcia

www.leercine.com.ar

 

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