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El ciervo escondido
Publicado en 20/12/2025 15:27
LITERATURA

 Este es un cuento popular chino de carácter filosófico que explora la difusa línea entre sueño, la realidad y la naturaleza de la verdad, cuestionando qué es real cuando un leñador mata un ciervo, luego cree que fue un sueño, y otro hombre encuentra el ciervo, generando una disputa sobre la verdad de los hechos, y terminando en un dilema judicial donde nadie sabe si está soñando o no, con la moraleja de no sobrevalorar lo superficial.

 El ciervo escondido - Carlos Sánchez Viamonte

Hace muchos años hubo un leñador de Cheng que encontró un ciervo en un campo, al cual mató y posteriormente enterró con hojas y ramas para evitar que otros descubrieran la pieza. Pero al poco tiempo, el leñador se olvidó del lugar donde había ocultado el animal y llegó a creer que en realidad todo el asunto había sido un sueño.

Poco después empezaría a contar su supuesto sueño, a lo que uno de los que lo escuchó reaccionó intentando buscar el ciervo. Tras encontrarlo, se lo llevó a su casa y le comentó a su mujer la situación, la cual le indicó que tal vez sería él quien había soñado la conversación con el leñador, pese a que al haber encontrado el animal el sueño sería real. A esto, su esposo contestó que independientemente de si el sueño fuera suyo o del leñador, no había necesidad de saberlo.

Sin embargo, esa misma noche, el leñador que cazó al animal soñó (esta vez de verdad) con el lugar donde había escondido el cadáver y con la persona que lo había encontrado. Por la mañana fue a casa del descubridor del cuerpo del animal, tras lo que ambos hombres discutieron respecto a quién pertenecía la pieza. Esta discusión se intentaría zanjar con la ayuda de un juez, el cual repuso que por un lado el leñador había matado a un ciervo en lo que creía un sueño y posteriormente consideró que su segundo sueño era una verdad, mientras que el otro encontró dicho ciervo, aunque su esposa consideraba que era él quien soñó haberlo encontrado en base a la historia del primero.

La conclusión era que realmente nadie había matado al animal, y se dictó que el caso se resolviera mediante la repartición del animal entre los dos hombres. Posteriormente, esta historia llegaría al rey de Cheng, quien terminaría por preguntarse si realmente no sería el juez quien había soñado haber repartido al ciervo.

 

 

 

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