Tim Robinson, experto en comedia de situaciones incómodas, creó junto a Zack Kanin esta comedia negra de ocho episodios producida por Adam McKay. El título original, The Chair Company, es un poco más sofisticado que simplemente La silla, pero en ambos casos pone la palabra clave en el título.
Su punto de partida es muy sencillo: Ron Trosper (Tim Robinson) trabaja para Fisher Robay, una empresa de desarrollo inmobiliario, y asciende a la dirección de su último proyecto para la creación de un ambicioso centro comercial. Tras una presentación exitosa para toda la empresa, se sienta, pero su silla se desploma en el escenario, provocando una graciosa y a la vez inquietante caída. Abrumado por el papelón, decide contactar a Tecca, la empresa fabricante de las sillas, como una salida a la angustia creciente por el evento vivido. Pero ese simple acto descubre un oscuro entramado alrededor de la empresa que las hace y lo que se supone debe ser un simple llamado de atención al cliente se convierte en una imposible e inverosímil investigación detectivesca que pone en riesgo la vida familiar, el trabajo y la propia salud mental de Ron
Nada de lo que se pueda sospechar sobre La silla se va a cumplir. Cada situación lleva a otra más absurda y cada nuevo personaje que entra en escena es más absurdo y perturbador que el anterior. La trivial burocracia de la oficina, choca todo el tiempo con la demencial investigación que lleva adelante el protagonista y debido a eso los enredos y las situaciones incómodas en el trabajo también se van acumulando. Por momentos parece The Office, por momentos para Curb Your Enthusiasm, por momentos parece una comedia de Adam McKay y por momentos un guión escrito por David Lynch. No es una serie común y puede atraer o producir rechazo, pero una sola cosa es segura: cada episodio encierra una sorpresa. No es poco cuando se trata de apostar a una temporada completa.

Santiago Garcia
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