En la previa de la Navidad, Trevor Bingley (Rowan Atkinson) reside en Hertfordshire, lejos de su exesposa Jess y su hija Maddy. Coincidiendo con su último día como conserje de primaria, Jess le informa que ella y Maddy no podrán pasar la Navidad juntas debido a una invitación a Barbados con su nuevo novio. Trevor recoge entonces un bebé de la puerta trasera del colegio, conocido como “el Niño Jesús” por el pesebre que forma parte de la función escolar. En medio de la producción, Trevor recibe una llamada de la nueva empresa matriz de Cuidadores de casas Deluxe, quien le envía una invitación para ser el nuevo amo de llaves de un lujoso penthouse en Londres durante la Navidad. Trevor inicialmente declina, pero después de que se revela que el sueldo es de 10.000 libras, acepta con gusto la invitación. Distraído por la atractiva propuesta, crea un caos en el acto de Navidad y luego de una serie de equívocos termina quedándose solo en la escuela con el bebé. Llama a servicios sociales pero una vez, confusiones mediante, no le queda otra opción que irse a Londres con el bebé.
Aunque se supone que es una continuación de Hombre versus abeja, el tono de Hombre versus bebé es completamente diferente. Y aunque Trevor es un personaje nuevo creado para estas dos miniseries, podría decirse que este es un relato navideño de “Mr. Bean”. El personaje habla, claro, y es mucho más generoso y amable. De hecho es posible que sea el personaje más bueno y noble de toda la carrera cómica de Rowan Atkinson. Mantiene, y por eso la mención anterior, todo el estilo de comedia física sin palabras que lo hizo mundialmente famoso. El actor puede hacer reír con la comedia slapstick y con el timing para los diálogos. Hay varios momentos muy graciosos en los cuatro episodios.
También, hay que decirlo, posee ese elemento angustiante propio del trabajo del famoso comediante, pero no es necesario ser muy perspicaz para darse cuenta de que sobrevuela un delicioso tono amable y genuinamente navideño. Se trata de un cuento de Navidad genuinamente cristiano, sin ninguna vergüenza por serlo. El final tiene el espíritu mismo de la Navidad y se atreva como ya ninguna ficción británica para hacerlo, a decir que el amor entre las personas, la comprensión y el nacimiento de Jesucristo son algunos de los elementos que reúnen a las personas alrededor de una mesa, junto a un árbol iluminado o junto a un pesebre. A pesar de ser una comedia amable, este mensaje tan simple la convierte en una historia con un cierto nivel de osadía en los tiempos que corren.

Santiago Garcia
www.leercine.com.ar