
“Una teoría que surge en los años 90, de Frank Sulloway, plantea que el primer hijo suele ser mucho más responsable, cumple más con los mandatos familiares, tiende a ser más conservador y respeta el statu quo. El hijo menor, en cambio, es mucho más sociable, amigable, tiende a ser más disruptivo e innovador”, explicó la neuropsicóloga Lucía Crivelli en su columna semanal en Infobae en vivo. Compartió su mirada sobre la influencia del orden de nacimiento en la personalidad de los hermanos. “El hijo del medio suele ser el mediador, el conciliador, el diplomático que busca acuerdos en la familia, pero también puede sentirse invisible”.
Sin embargo, remarcó que estas categorías no son inmutables: “En la realidad, la familia es mucho más dinámica de lo que plantea la biología. Hay variables que intervienen en la crianza, como el sexo de los hijos, la cantidad de hermanos y la forma en que los padres ejercen su rol”.

Las etiquetas familiares y el peligro de la profecía autocumplida
Crivelli detalló que el éxito de la teoría de Sulloway se basa en su analogía con la evolución darwiniana, pero advirtió sobre los riesgos de encasillar a los hijos: “Estas etiquetas pueden ser muy peligrosas. Cuando uno le dice a un hijo menor que es un tiro al aire, finalmente termina siendo más irresponsable. Eso se llama profecía autocumplida: son creencias falsas que generan conductas que finalmente las validan”.
La especialista sostuvo que los estudios masivos muestran matices: “En bases de datos de cuatro mil o seis mil personas, se analiza la personalidad según el orden de nacimiento. El primogénito o el hijo único suelen compartir rasgos, porque los primeros años de vida como hijo único dejan una marca muy fuerte. Además, los hijos únicos y los primeros tienden a creer que son más inteligentes que el resto, porque han tenido la atención exclusiva de los padres. Pero no hay diferencias en el coeficiente intelectual real entre hermanos”.
Crivelli subrayó que “los hijos menores desarrollan más recursos sociales porque nacen en un ambiente donde tienen que negociar, pelear por su lugar y convencer. El menor tiene muchos más recursos sociales y aprende a moverse más rápido en la familia”.

Las nuevas familias y los límites del determinismo
La neuropsicóloga puso el foco en la diversidad de estructuras familiares: “Hoy existen familias ensambladas y diferentes modelos. El rol del hijo mayor puede ocuparlo un integrante de cada parte del matrimonio. No es algo estrictamente biológico ni estático. Durante mucho tiempo se pensó que era así, pero la personalidad se construye a lo largo de la vida”.
Para Crivelli, el cambio es posible: “Después de la adolescencia y la juventud temprana, es más difícil modificar la personalidad, pero no es imposible. Hay factores, los llamados ‘big five’: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, neuroticismo y amabilidad. Todos tenemos algo de estos cinco factores en distinta proporción y eso se va construyendo”.
Consultada sobre los cambios radicales en la vida, Crivelli sostuvo: “La personalidad puede cambiar por crisis vitales, experiencias traumáticas o eventos significativos. El estilo parental también influye: los padres democráticos, que son cálidos y ponen límites claros, generan hijos seguros y abiertos. Los padres autoritarios, en cambio, pueden provocar reacciones de rebeldía”.

Crianza estratégica y el rol de los padres
La especialista describió cómo los padres adaptan su forma de educar según la experiencia: “Con el primer hijo se ponen todos los límites, toda la energía. Después, con los siguientes, los padres tienden a ser más flexibles, confiando en la transmisión de valores del mayor hacia los otros. Ningún hijo tiene los mismos padres que tuvo su hermano porque todos somos diferentes y la familia es un sistema en permanente cambio”.
Crivelli concluyó: “El mensaje más importante es tener cuidado con las etiquetas. No debemos encasillar a nuestros hijos. El poder de las palabras es enorme y puede condicionar el desarrollo de la personalidad”.
