
El Gobierno de Ecuador aseguró que ha tomado todas las medidas necesarias para evitar cortes programados de electricidad, pese a reconocer la existencia de un déficit estructural de generación que se arrastra desde al menos 2023. La ministra de Ambiente y Energía, Inés Manzano, afirmó en una entrevista con Ecuavisa que el sistema eléctrico se encuentra bajo presión por factores climáticos y operativos, pero descartó que el país enfrente un escenario de apagones generalizados en el corto plazo.
Según la funcionaria, el Estado ha activado mecanismos extraordinarios para sostener la oferta energética, entre estos la incorporación de generación privada mediante autogeneración industrial. En este esquema, empresas que cuentan con generadores propios pueden inyectar electricidad al sistema nacional interconectado, a cambio de una compensación económica, siempre que cumplan con requisitos técnicos y regulatorios establecidos por las autoridades.

La ministra detalló que el sector industrial ha llegado a aportar hasta 170 megavatios diarios en medio de un periodo de estiaje que afecta principalmente a la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, una de las principales fuentes de energía del país, pero con grandes defectos de construcción. Este fenómeno reduce el caudal de los ríos y, por tanto, la capacidad de generación hidroeléctrica, que constituye la base del sistema eléctrico ecuatoriano.
El Gobierno solicitó desde el 17 de marzo a empresas privadas que activen sus generadores de emergencia durante al menos 14 horas al día, como parte de una estrategia para compensar la caída en la producción hidroeléctrica. Sin embargo, la respuesta del sector ha sido limitada, en parte porque muchas industrias no tienen sus equipos operativos debido a mantenimientos o porque los costos de generación resultan significativamente más altos que la energía suministrada por el sistema público.
Pese a estas limitaciones, el Ejecutivo sostiene que la combinación de autogeneración, mantenimiento de plantas y entrada progresiva de nueva capacidad permitirá cubrir el déficit estimado en alrededor de 1.000 megavatios. Este faltante, reconocido oficialmente, constituye una de las principales vulnerabilidades del sistema eléctrico ecuatoriano en la actualidad.
En este contexto, Manzano insistió en que los cortes de energía registrados recientemente en ciudades como Quito, Guayaquil y varias provincias de la Costa no responden a una falta estructural de electricidad, sino a eventos puntuales relacionados con condiciones climáticas adversas o fallas en la infraestructura. Entre estos factores mencionó tormentas eléctricas que afectan subestaciones, así como deslizamientos de tierra que pueden derribar postes o interrumpir líneas de transmisión.
“Lo que ha habido son problemas específicos, no un déficit que obligue a racionamientos”, señaló la ministra, al explicar que estos eventos son parte de las contingencias normales de un sistema eléctrico expuesto a fenómenos naturales, especialmente durante temporadas de lluvias intensas.
La postura oficial se produce en un contexto regional en el que varios países de América Latina han enfrentado crisis energéticas asociadas a sequías prolongadas, aumento de la demanda y retrasos en inversiones en infraestructura. Ecuador, altamente dependiente de la generación hidroeléctrica, es particularmente vulnerable a variaciones en el clima, lo que ha obligado a diversificar fuentes y fortalecer la generación térmica como respaldo.
No obstante, la expansión de la generación térmica también plantea interrogantes sobre costos, sostenibilidad y dependencia de combustibles fósiles, en un país que durante años apostó por un modelo energético basado en recursos renovables. La tensión entre seguridad energética y sostenibilidad se ha vuelto un eje central del debate técnico y político.
Mientras tanto, el Gobierno insiste en que la prioridad es garantizar el suministro continuo de electricidad y evitar los apagones que marcaron episodios recientes en la memoria colectiva. “Hemos hecho todo para tener energía”, afirmó Manzano, al subrayar que las plantas hidroeléctricas y térmicas están operando al máximo de su capacidad disponible.

Con información de Infobae por Yalilé Loaiza.
