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Sin piedad
Santiago Garcia – Leer Cine
Publicado en 26/03/2026 09:20
QUÉ MIRAR / PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL
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Sin piedad (Mercy, Estados Unidos, 2026), dirigida por Timur Bekmambetov y escrita por Marco van Belle es una de esas películas malas con ganas, malas desde lejos, malas desde cerca. Que se haya estrenado en cines es uno de esos caprichos de distribución que explica lo arbitrario que es el sistema. Pasaremos por alto que en Argentina la película se haya estrenado como Sin piedad cuando el original es Piedad, porque eso no cambia nada importante, ni mejora ni empeora la situación ya de por sí irremontable.

En Los Ángeles de 2029 funciona el Tribunal de la Capital de la Misericordia, una forma de simplificar la caótica situación de criminalidad en la ciudad. El sistema consiste en tener jueces de inteligencia artificial para juzgar a los acusados ​​de delitos violentos. Estos jueces proporcionan a los acusados ​​todos los recursos disponibles para encontrar y aportar todas las pruebas necesarias, y disponen de 90 minutos para demostrar su inocencia o ser ejecutados mediante una explosión sónica.

El detective Christopher “Chris” Raven (Chris Pratt), del Departamento de Policía de Los Ángeles y ferviente defensor de la justicia, despierta atado a una silla y sometido a juicio por el asesinato de su esposa Nicole. Se le otorgan 90 minutos para la investigación con el fin de convencer al juez de su inocencia. El juez, con inteligencia artificial, Maddox (Rebecca Ferguson), preside el caso. Todas las pruebas apuntan a que Chris mató a su esposa, ya que se encontró sangre de ella en su ropa y las imágenes de la cámara del timbre lo ubican en su casa poco antes del asesinato. La probabilidad de culpabilidad de Chris es del 97,5%, porcentaje que debe reducir al 92% para evitar la pena de muerte. La película transcurre en tiempo real y la historia se narra con las cámaras que han grabado diferentes momentos del pasado así como también la posibilidad de que el detective busque pruebas ahí y llame a posibles testigos.

El nivel de conexión de esta película con Minority Report (2002) de Steven Spielberg es tan grande que no es un disparate hablar de plagio. No lo es, pero le debe demasiado como para poder concentrarse. Por momento, esto dicho sin ironía, parece uno de esos programas de televisión donde el concursante puede llamar a sus amigos para que lo ayuden con las respuestas. No es una similitud ingeniosa, sino una estructura forzada hasta el límite de lo cómico. Al borde, pero sin humor, sin nada de humor. Una de las películas más feas y aburridas de los últimos tiempos. Decepcionante de punta a punta, aunque el consejo es que nadie debería darle una chance más allá de los primeros diez minutos.

Santiago Garcia

www.leercine.com.ar

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