
Eddington (2025) es la nueva película de Ari Aster, el realizador de El legado del diablo (Hereditary, 2018), Midsommar (2019) yBeau tiene miedo (Beau is Afraid, 2023). Este director, al que asociamos justificadamente con cine de terror, entrega aquí una película inicialmente diferente, una historia que comienza como una sátira política ambientada durante la pandemia del 2020. El arranque de la película es brillante y demoledor. Observamos, a menos de una década de los eventos vividos, la locura en la cual la humanidad se sumergió a una velocidad sorprendente. Con humor, la película nos vuelve a meter en aquella angustia, a la vez que va sumando todos los elementos de caos y confusión que habitan en el presente. Ari Aster mete todo en su película. Izquierda, derecha, antifascistas, terroristas, protestas varias, teorías conspirativas, cancelaciones, manipulaciones en las redes, tecnología, ecología, y muchas más cosas que hacen de nuestro presente lo que es. A pesar de transcurrir en el pueblo de Eddington, en Nuevo México, donde hay pocos habitantes, la película consigue lidiar con todos los conflictos del 2020, potenciados en muchos casos en el presente.
La trama central trata del enfrentamiento entre el sheriff de Sevilla County, Joe Ross (Joaquin Phoenix) y el alcalde de Eddington, Ted García (Pedro Pascal) que busca la reelección. El alcalde ha decretado el confinamiento y el uso obligatorio de barbijos, siguiendo las órdenes del gobernador estatal. Pero el sheriff dice que esas medidas van en contra de la libertad de elección y no son legales. El enfrentamiento entre ambos no es nuevo e involucra a Louise (Emma Stone) la esposa de Joe. El matrimonio vive con la madre de ella, Dawn (Deirdre O’Connell) una conspiranoica que vive consumiendo ese material permanentemente. Cuando Joe decide postularse para alcalde, todos las tensiones aumentan aún más. En el medio los levantamientos y las protestas del Black Lives Matter están en su momento más intenso y la instalación de un centro de datos en la ciudad genera un encendido debate acerca de las consecuencias que esto traería para el territorio. La violencia va creciendo de forma lenta pero segura y no se sabe cuál será la chispa que haga arder todo el lugar.
Ari Aster abre el juego y mantiene la atención del espectador, generando la esperanza de una reflexión lúcida sobre el presente. Pero como ha demostrado en sus películas de terror, su búsqueda nunca apunta a generar tranquilidad o respuestas. Por eso mismo su película se va oscureciendo, descendiendo escena tras escena en un infierno que se aleja de la cotidianeidad y que se parece más a un infierno. Tal vez el futuro que nos espera, tal vez el presente apenas exagerado. La película también incluye el poder de internet, de las redes sociales y como todo eso se convierte en parte de nuestras vidas. De hecho los jóvenes tienen una parte importante de sus vidas allí, y cuando lo que ocurre en redes explota fuera de ellas, es una sorpresa solo para quienes no han entrado en ese mundo. Aster observa y comenta esto, pero no sabe muy bien a donde va. Los planos con los teléfonos acostados, para que la cada vez más presente imagen vertical, se convierta en el formato de cine, marca la diferencia de comprensión entre ambos mundos. No podemos entender lo que ocurre en los smartphones, porque lo vemos con el formato antiguo, el que los jóvenes cada vez usan menos o directamente no usan.
La esperanza de respuestas en Eddington se ve frustrada, pero no es un accidente. El último tercio dejará perplejos a quienes busquen una reflexión social final, pero es también una advertencia acerca de la polarización en la que vivimos. La violencia creciente, las miradas que ya no se cruzan ni se entienden, la posibilidad de que se hayan cruzado líneas sin retorno. No hay optimismo en Eddington y su final describe una victoria pírrica, no importa quien salga victorioso. Aunque se reserva una ambigüedad extra que no permite pensar que nunca está dicha la última palabra. En su exceso y su caos, la película tiene la suficiente fuerza como para ser de las más interesantes del cine actual. No sería raro compararla, en sus intenciones, con Una batalla tras otra (2025) de Paul Thomas Anderson, un director que ha dicho que Eddington le ha parecido una de las mejores películas del año. Ambos intentan entender el mundo que nos rodea, aunque sus películas vayan por diferentes caminos y estilos.

Santiago Garcia
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