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Cuento: La casa de Adela (2016), Mariana Enriquez
Fui, leí, existí, escribí
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 17/04/2026 15:15
ARTE & CULTURA
Imagen de Arc - UNSW / #Vibra #Manabí #Nipponflex Pedidos: vibramanabi@gmail.com

El miedo, la marginalidad social y la obsesión infantil se desnudan en el cuento "La casa de Adela" de Mariana Enriquez, presente en su libro Las cosas que perdimos en el fuego (2016). Leerlo es lo más cercano a una mandíbula abierta lista para triturar la infancia. La historia se arrastra por la memoria de Clara. Ella recuerda su infancia en un barrio de Buenos Aires (Argentina) junto a su hermano Pablo y su amiga Adela, una nena marcada por una malformación física: le falta un brazo. Obsesionados con el cine de terror y las leyendas urbanas, el trío vive atraído por una casona abandonada en su cuadra que parece respirar y vibrar sola e invitarlos a vivirla. Ocurre entonces que una noche de verano deciden cruzar el umbral. Pero el lugar resulta ser un laberinto imposible: por dentro es absurdamente más grande que por fuera. El horror se consuma cuando Adela entra en una habitación y cierra la puerta. Al acudir los padres y la policía, la habitación ni siquiera existe en los planos físicos de la casa derrumbada. Y Adela jamás regresa.

Los personajes de este cuento no son héroes ni villanos. Son víctimas, cómplices y supervivientes rotos. Adela representa lo incompleto, lo "otro". Su cuerpo asimétrico la margina de la supuesta “normalidad” estética y la vuelve extrañamente compatible con el vacío de la casa. Ella no es poseída por el horror; parece que el horror la reconoce como propia. Pablo es un pequeño obsesivo que termina siendo un puente entre la curiosidad infantil y la autodestrucción. Mientras que Clara simboliza esa voz de la culpa y la supervivencia del trauma, demostrando que la herida puede trascender de un lugar o cosa a habitar en la cabeza de alguien para siempre. Este trío de niños opera bajo una amistad inocente, y, en simultaneo, bajo una dinámica de codependencia alimentada por el morbo que los intoxica hasta creer y manifestar.

La escritora argentina Mariana Enriquez es implacable expresando como el horror social y fantástico moldea nuestros destinos de forma violenta e irreversible. Vayan por sus ideas libres.

Mariana Enriquez vuelve a su segunda novela: “Es un relato de iniciación  hacia una vida para nada edificante” - La Tercera

Néstor Romero Mendoza

CEO www.vibramanabi.com

Periodista / Lector / Asesor de Comunicación Política Estratégica

17/4/2026

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