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Riesgo país a la baja: ¿cómo debería sentirse realmente en la vida de los ecuatorianos?
Por: Érika Vaca Rodríguez
Publicado en 25/04/2026 08:28
Érika Vaca

El anuncio de que Ecuador alcanza los 404 puntos en riesgo país, su nivel más bajo desde 2014, sin duda es una noticia que llama la atención. En términos técnicos, significa que el país genera mayor confianza para inversionistas internacionales y que podría acceder a financiamiento en mejores condiciones. Pero más allá de los números, la pregunta clave es otra: ¿cómo se traduce este “buen indicador” en la vida cotidiana de la ciudadanía?

El artículo 284 de la Constitución del Ecuador establece que la política económica debe garantizar una adecuada distribución del ingreso y generar empleo digno. Bajo este principio, una reducción del riesgo país debería reflejarse en más inversión, más oportunidades laborales y mejores condiciones económicas. Es decir, no basta con que el país sea atractivo para los mercados internacionales, también debe serlo para quienes viven y trabajan dentro de él.

En la práctica, si el riesgo país baja, el Estado puede endeudarse a menor costo. Eso debería liberar recursos para inversión pública en salud, educación, infraestructura y seguridad. Sin embargo, el ciudadano común mide la economía de otra manera: en el precio de los alimentos, en la estabilidad del empleo, en la calidad de los servicios básicos. Si estos aspectos no mejoran, el indicador se queda en una cifra que no logra conectar con la realidad diaria.

El artículo 85 de la Constitución es claro al señalar que las políticas públicas deben orientarse a garantizar derechos. Por eso, cuando se habla de cifras positivas como el incremento del empleo adecuado del 33 al 37 por ciento o el crecimiento de exportaciones, lo importante es verificar si esos avances llegan a los territorios. ¿Se sienten en Naranjal, en barrios rurales, en pequeños emprendimientos? Esa es la verdadera medición del impacto económico.

Otro punto clave es la percepción. El artículo 3 de la Constitución establece como deber del Estado mejorar la calidad de vida de la población. Si la ciudadanía sigue sintiendo inseguridad, dificultades para acceder a servicios de salud o incertidumbre económica, entonces existe una desconexión entre los indicadores macroeconómicos y la experiencia real. La economía no solo se mide en estadísticas, también se mide en confianza social.

Finalmente, los “buenos números” deben convertirse en resultados visibles. Menor riesgo país debería significar créditos más accesibles, más empleo estable, servicios públicos eficientes y mayor dinamismo económico en los cantones. Si eso no ocurre, el riesgo es que la economía avance en los informes, pero no en la vida de la gente. Porque en un país como Ecuador, el verdadero indicador de éxito no está en los mercados internacionales, sino en cómo vive su gente cada día.

Érika Vaca Rodríguez

Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing

Columnista www.vibramanabi.com

25/4/2026

 

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