¿Es posible perder nuestra forma de habitar el mundo? Sí.
La infancia está experimentando una mutación sin precedentes, atravesada por una transición del cuerpo que experimenta a través del juego al sedentarismo digital: el analfabetismo motriz. Básicamente, es la incapacidad de ejecutar patrones de movimiento básicos como saltar, trepar o atrapar. No es una simple falta de coordinación, es una desconexión corporal profunda inducida por el consumo hipertemprano de dispositivos tecnológicos y el abandono de los juguetes.
El analfabetismo motriz en el siglo XXI encuentra su diagnóstico más lúcido en la filosofía de Byung-Chul Han. El pensador surcoreano describe una mutación cultural donde el imperativo digital desmaterializa la existencia. La pérdida de habilidades motrices básicas es el resultado directo de una sociedad que ha intercambiado la resistencia del mundo físico por la docilidad de la pantalla hipervinculada. En la tesis de Han, hemos pasado de la era de las cosas —objetos que habitan un espacio— a la era de las no-cosas -la información digital-. El dedo que se desliza sobre el cristal (scrolling) no toca el mundo; solo roza una perspectiva manipulada por otros. Entonces, al eliminar el esfuerzo físico para interactuar con el entorno, el cuerpo pierde su función primordial y aquí el ser no necesita músculos, solo retinas y pulgares.
Los datos clínicos a nivel mundial revelan una tendencia alarmante que anticipa una sociedad de cuerpos frágiles y mentes dispersas, reflejados en una reducción drástica en la fuerza de agarre y equilibrio dinámico en niños menores de 10 años de hoy, comparados a los del año 2000. La OMS reporta que más del 80% de la población adolescente no alcanza el mínimo de actividad física diaria recomendado. Además, existe una relación directa entre el aumento de horas de pantalla y el desarrollo de enfermedad oftalmológicas, así como un incremento de diagnósticos de depresión o dismorfia corporal en niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
El analfabetismo motriz es el síntoma de una sociedad que ha decidido virtualizar la existencia. No nos enfrentamos únicamente a una generación con peor rendimiento deportivo o mayores índices de obesidad. La sociedad está entrando en un sombrío túnel donde cada individuo corre el riesgo de convertirse en un espectador pasivo de su propia vida, atrapado en una mente que desconoce el potencial de su propio diseño biológico. Al reemplazar la exploración física por el scrolling, despojamos al ser humano de su "ser-en-el-mundo", experimentando una verdad única, mediada y masticada por algoritmos, lo que genera una profunda alienación existencial. Pero si la realidad ya no se toca, se corre el riesgo de que ya no se sienta como real.

Néstor Romero Mendoza
CEO de www.vibramanabi.com
Periodista / Asesor de Comunicación Política Estratégica / Consultor Político Independiente
2/6/2026
