
Imagine esta escena: un estudiante entrega un ensayo impecable. El profesor lo lee, pero antes de calificarlo surge una duda inevitable: ¿lo escribió el alumno o la inteligencia artificial?
La pregunta parece inquietante, pero quizá el verdadero desafío sea otro: ¿está preparada la universidad para educar en un mundo donde una IA puede redactar un ensayo o responder un examen en segundos?
Esa es la reflexión que plantea el profesor Nils Gilman en su artículo “La universidad tal como la conocemos ha llegado a su fin”. Más que alertar sobre los riesgos de la IA, propone repensar la educación superior. Si la tecnología ya realiza muchas de las tareas que antes servían para evaluar, tal vez sea momento de dejar de medir solo la memoria y empezar a valorar cómo piensan los estudiantes.
Analizar, formular buenas preguntas, argumentar con solidez, resolver problemas y tomar decisiones con criterio son capacidades que seguirán marcando la diferencia. Y eso también transforma el papel del docente: ya no basta con transmitir conocimientos; ahora debe guiar, desafiar e inspirar.
Gilman plantea evaluaciones más acordes con esta realidad: exámenes orales, debates, defensa de proyectos y resolución de problemas en tiempo real.
Lo más valioso de su propuesta es que no enfrenta a las personas con la inteligencia artificial. Al contrario, imagina una universidad donde la tecnología sea una aliada del aprendizaje. Porque el gran reto ya no es competir con las máquinas, sino formar personas capaces de pensar por sí mismas, adaptarse al cambio y convertir el conocimiento en soluciones para el mundo real.
Freddy Solórzano
Escritor / Periodista / Editor Diario La Marea de Manta
13/7/2026