
A uno se le figura que los partidos de fútbol se juegan para vivir, pero el de esta tarde en Arlington parecía jugarse para el olvido francés. El silbatazo del salvadoreño Iván Barton dio inicio a lo que parecía una agonía lenta pues la pelota rodaba como una piedra sin rumbo para Francia, que venía con el orgullo de sus dieciséis goles anotados en el torneo, pero que hoy sus delanteros se quedaron con las gargantas secas. Simplemente, España le derrotó 2 por 0 en el estadio de Dallas y avanzó a la final del Mundial.
A los veintidós minutos, España golpeó. Lamine Yamal, moviendo los pies con la liviandad de la infancia, se metió en el área ajena. Lucas Digne, pesado de responsabilidades y de cansancio, lo derribó sin necesidad a través de una patada. El penal lo cobró Mikel Oyarzabal y el guardameta galo Mike Maignan solo se quedó mirando cómo se abría la fosa de sus ilusiones.
El seleccionador Didier Deschamps intentó mover sus piezas, sacó a Rabiot, metió a Theo Hernández. Pero nada era suficiente. El alma de Francia ya se había desprendido del cuerpo tras la lesión del central William Saliba en el primer tiempo. En la segunda parte, cuando el sol norteamericano calaba más hondo, Dani Olmo estiró un pase que Pedro Porro empujó a las mallas (58´). Fue el segundo golpe. El definitivo.
España retuvo el balón un 56%, un monopolio que buscaba adormecer el tiempo y el espacio y encontrar la gloria. El ataque galo fue un fantasma que deambuló sin rumbo por el pasto. Kylian Mbappé, el que dicen que todo lo puede, terminó arrastrando las botas, vigilado de cerca por Pau Cubarsí y Aymeric Laporte, quienes no lo dejaron ni respirar. Al final, España se llevó la victoria y el pase a Nueva York para este domingo, pretendiendo engendrar algo nuevo, hacer historia.
