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Vibra & Tendencia | Sangre, política, las mujeres como fuerza central y una mirada no tan mágica, es la segunda temporada de ‘Cien años de soledad’
Publicado en 05/08/2026 09:40
SECCIÓN: ARTE & CULTURA
Ilustración de la red / Con información de Infobae por Patricia Kolesnicov / #Vibra #Manabí Pedidos: vibramanabi@gmail.com

Uno se siente un poco en el cine cuando arranca la segunda temporada de Cien años de soledad, estreno de la semana en Netflix. Las hojas que vuelan, las sábanas que se agitan, las hojas de ese libro que pasan: Aureliano Babilonia está descifrando las claves de Melquíades,, ese gitano sabio que tenía todo escrito. La imagen —lo saben quienes leyeron la novela— podría estar al final de todo pero así abre esta temporada que terminará de contar la historia y que tendrá sangre y política, política y sangre. “Siempre hablan de lo mágico, pero es una obra súper política”, había dicho uno de sus directores, Laura Mora, a Infobae.

Ya se sabe: Macondo no es la aldea que era, es un pueblo hecho y derecho, y el progreso viene con la fuerza de un vendaval. Que, ya se sabe, puede arrasar con todo.

Más allá de que cada lector tendrá en la cabeza su Macondo, a su Úrsula, a su Aureliano, los amantes de la novela no van a extrañar el clima de ese clásico que convirtió a Gabriel García Márquez en un escritor ineludible para la literatura del mundo. Pero, como decía Mora en esa entrevista, ya es hora de que hablemos no sólo de lo “mágico” de esa catedral del realismo mágico sino también de lo político que está en sus cimientos.

Las mujeres, una fuerza central en "Cien años de soledad".

“Todo el mundo recuerda las mariposas amarillas, pero a la gente le cuesta mucho acordarse de quién era realmente ese personaje que traía las mariposas amarillas y que tiene mucho que ver también con la masacre de las bananeras. ¿Y qué representan las bananeras? Pues un proceso colonizador que también fue muy violento. Una idea del progreso que es aterradora también”, decía Mora.

Bueno, en esta segunda temporada Laura Mora y Carlos Moreno no dejarán lugar a dudas sobre esta interpretación. Son siete capítulos de tensión, algo de sexo, balas, represión y el anhelo de una revolución que se va poniendo rara.

Porque detrás de Cien años de soledad está la Guerra de los Mil Días, que, en Colombia, enfrentó a liberales y conservadores entre 1899 y 1902, sin piedad. Centralismo versus federalismo, el lugar de la Iglesia, el fraude. Más de cien mil muertos. Esa parece ser la guerra que pelea Aureliano Buendía cuando empieza la temporada. Y no está embellecida. “La guerra siempre es más injusta con los inocentes, pero así son todas las guerras”, dirá el coronel ante otro muerto, un muerto más.

Aureliano, entonces, no es un ser sensible. Va a ser cruel, va a ser capaz de decapitar y fusilar en nombre de una revolución que le importa, literalmente, más que su propia vida. García Márquez tenía una relación directa con esa guerra: su abuelo materno era el coronel Nicolás Márquez, que había peleado en ella, del bando liberal (como Aureliano). Ese abuelo, que murió cuando el escritor tenía ocho años, le habló de la guerra. Sin embargo, García Márquez le dijo a Plinio Apuleyo Mendoza, en una larga entrevista, que Aureliano no se parecía a su abuelo sino más bien al contrario: “Aureliano Buendía es el personaje opuesto a la imagen que yo tengo de mi abuelo”.

El relato, claro, avanza en el tiempo. La segunda temporada mostrará todo lo que pasa después de la guerra, después de la firma de un armisticio que, para qué dar vueltas, es el sello de una derrota liberal. Llega la paz. ¿La paz?

La paz y el cambio en Macondo

Irá cambiando Macondo, irán cambiando las formas de vestir, los vínculos. Seguirán siendo importantes las mujeres, empezando por Úrsula, la matriarca, que vive 120 años y que le puede poner los puntos sobre los íes a su hijo el coronel. Están las libérrimas y las conservadoras. La belleza sin fin y sin destino. La que, bueno, marca el inicio de una independencia más contemporánea.

Así las cosas, entre este miércoles 5 y el 26 de agosto -cuando se devele el último capítulo- se resolverá la suerte de los Buendía, espejo de la de Colombia y, por qué no, la de América Latina. En esta etapa llegará a la familia Buendía una aristócrata que se casa con Aureliano Segundo y va a cambiar las cosas a partir de sus concepciones religiosas y conservadoras.

El tren, la bananera y la masacre

Llegará a Macondo el tren, ese signo de la modernidad, los caminos de hierro. Y, con él, la compañía bananera, que transformará la economía y la vida entera del pueblo. Y llegará la masacre de Ciénaga en 1928, que García Márquez contó a partir de hechos reales. Aquí el protagonista será José Arcadio Segundo, quien presenciará todo desde adentro.

Entonces, aparecerán la compañía, los trabajadores, la huelga en que 25.000 de ellos se niegan a cortar una banana más. La manifestación, la orden de dispersarse. Los desaparecidos. Todo eso es Historia.

“En Colombia no es un secreto que a la derecha le incomoda muchísimo el libro y se han dicho cosas muy desafortunadas de él y del autor precisamente por eso”, decía la realizadora. Y más: “Se ha dicho muchas veces que la masacre de las bananeras es un invento de García Márquez, cuando hoy se sabe que fue real y que es un evento que se ha querido borrar”.

Una adaptación que subraya lo político

Visualmente hermosa, narrativamente tensa, esta segunda temporada de Cien años de soledad se ve con emoción, con el cariño de un libro que ya es de todos, pero también con la perspectiva concreta que pusieron los directores sobre la mesa. “El primero de la estirpe está amarrado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”, había escrito Melquíades y nos lo dicen al comienzo del primer capítulo de esta etapa, confiando en que lo olvidaremos.

Y no defraudamos los espectadores, olvidamos esa sentencia y vamos capítulo tras capítulo descubriendo el destino de Macondo. Hasta llegar a una de las frases más famosas de la novela ¿y de la historia política? Esa que recuerda que “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

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