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Por qué el presidente Daniel Noboa no debería confiarse de los resultados las recientes encuestas publicadas en una sociedad líquida
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 02/09/2026 14:16 • Actualizado 02/09/2026 14:46
SECCIÓN: LOGIA DEL BUEN PENSAR
Imagen de CNN

Ciertos analistas políticos tradicionales suelen encerrarse en sus oficinas a contemplar gráficos multicolores y sofisticados algoritmos, creyendo que la mente humana funciona como una hoja de cálculo. Hablan de "minería de datos" y "consistentes positivos" como si la política moderna fuera una ciencia exacta y no lo que es: un torbellino de emociones crudas, caóticas y profundamente fugaces. El último reporte de CIEES Latam dado a conocer este martes 1 de septiembre, sobre el humor o clima social de finales de agosto de 2026 intenta vestir con ropajes de optimismo lo que es, en realidad, un panorama diferente para el presidente Daniel Noboa.

Las diapositivas dicen que el mandatario "conserva la capacidad para recuperar apoyo" porque su nivel de agrado subió al 36% y la calificación de su gestión se situó en el 32%. ¿Esto es un espejismo? En el Ecuador real, la gente no vota por abstracciones estadísticas. Vota por lo que siente en el estómago al abrir la puerta de su casa. Para entender por qué el supuesto "repunte" de Noboa expuesto por diversos analistas puede ser una fantasía metodológica, debemos desarmar las tres debilidades estructurales:

El espejismo de la burbuja urbana. Generalizar es un horror. La encuesta tiene limitación geográfica y por lo tanto no representa ni de cerca un criterio general de los ecuatorianos. Si alguien decidiera diseñar una estrategia de supervivencia nacional basándose en una encuesta de apenas 820 casos, levantada exclusivamente en Quito y Guayaquil, es como intentar predecir el clima de un continente mirando por la ventanilla del baño.

Ecuador es un mosaico complejo, fragmentado y profundamente urbano marginal y rural en vastas zonas de la Costa, la Sierra y la Amazonía sectores a los que muy difícilmente pueden acceder encuestadores por temas como inseguridad, principalmente. Entonces, limitar el termómetro de la opinión pública a las dos principales áreas metropolitanas ignora las realidades de las provincias periféricas.

Atribuirle al presidente Noboa una supuesta "capacidad de recuperar apoyo" generalizada basándose en un puñado de formularios urbanos puede significar una lectura artificial sin más elementos y variables que ayuden a construir o reconfigurar una estrategia. Las capitales políticas y económicas suelen comportarse de forma muy distinta a las otras provincias profundas; extrapolar los datos del CIEES, que sí sirven para el análisis político, sería un error de concepto.

El margen de error. El reporte destaca que el presidente Noboa muestra una "recuperación" en agrado (36%) y gestión (32%) frente a los números del mes de julio 2026. Lo que algunos analistas convenientemente omiten es que la encuesta opera con un margen de error del ±4%.

En la práctica, cualquier variación de tres o cuatro puntos porcentuales no es un "retorno" a la gracia popular ni una victoria estratégica. Puede significar ruido estadístico. Si en julio Noboa coqueteaba con el 28.9% de "consistentes positivos" y hoy se mueve en el entorno del 32% en gestión, metodológicamente bien podríamos estar ante la misma e idéntica apatía de siempre, disfrazada de fluctuación técnica. Presentar este ínfimo movimiento como una muestra de su resiliencia política es, mínimamente, una manipulación voluntaria para mantener vivas las expectativas de un Gobierno que necesita sentir que tiene el respaldo popular.

La desconexión emocional. La política del siglo XXI es puramente emocional. El cerebro humano decide más por impulsos viscerales y muy pocas veces por balances de gestión. Y en ese mapa emocional el estado de ánimo consolidado registra apenas un escuálido 21% de optimismo. Por el contrario, la indignación y el miedo devoran el panorama emocional del país, sumando un aplastante 60% en Quito y un dramático 66% en Guayaquil.

¿Cómo se puede sostener seriamente que un gobernante tiene "capacidad de recuperación" cuando casi siete de cada diez ciudadanos viven sumidos en el terror y la rabia? El leve "agrado" de 36% es una simpatía pasiva, superficial e insustancial.  La gente puede encontrar simpático a un presidente en una pantalla de TikTok, pero cuando la confianza se clava en un bajísimo 28%, esa simpatía no se traduce en capital político, ni en gobernabilidad, ni mucho menos en votos estables. En un ecosistema dominado por el miedo, la simpatía es tan volátil como el agua entre los dedos.

Capital político estable. En el contexto de los datos analizados, el capital político estable es como un activo de confianza estructural y de largo plazo que un gobernante posee para sostener su gestión, el cual se diferencia críticamente del apoyo coyuntural o volátil. Las estadísticas del CIEES muestran que Daniel Noboa experimentó un repunte en indicadores de simpatía superficial: el agrado subió al 36% y la calificación de gestión al 32%. Sin embargo, el reporte advierte que esto representa únicamente una "capacidad para recuperar apoyo", pero no se traduce en algo invariable.

La clave metodológica de esta diferencia radica en que, mientras el agrado y la aprobación de gestión fluctúan rápidamente de un mes a otro, la confianza se mantiene estancada en 28%. La confianza es la verdadera base del capital político estable y si esta no sube junto con la simpatía, el supuesto apoyo recuperado es sumamente frágil y propenso a desvanecerse ante cualquier nueva crisis.

El análisis de minería de datos de la encuestadora identifica un núcleo duro del 28,9% de "consistentes positivos". El hecho de que la posible recuperación de Noboa esencialmente devuelva sus números a este entorno técnico sugiere que el presidente no está sumando nuevos adeptos ni expandiendo su base electoral de manera sólida. El capital político estable implicaría perforar ese techo histórico y fidelizar a sectores moderados o indecisos, algo que debería ser estudiado con otras metodologías complementarias y variables.

No obstante, es complejo consolidar un capital político estable cuando el entorno en el que se opera es hostil. El consolidado nacional muestra apenas un 21% de optimismo frente a una abrumadora mayoría de ciudadanos atrapados entre la indignación y el miedo (60% en Quito y 66% en Guayaquil). En un ecosistema social dominado por el temor y el descontento, cualquier apoyo que reciba un gobernante es "líquido". Sin resolver las causas profundas de ese miedo (como la seguridad o la economía), la simpatía hacia el presidente puede ser un préstamo a muy corto plazo y con muy pocas probabilidades convertirla en un respaldo político duradero. En tal caso, y a la luz de los casi tres años de gestión pública, parecería que el presidente Noboa sabe bien administrar la velocidad de sus tiempos y espacios, aunque no esté construyendo capital propio, aún.

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