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La distancia entre el Estado y la Ciudadanía
Por: María Cristina Kronfle Gómez - Abogada / Máster en Administración Pública / Activista - @mckronfle
Publicado en 05/09/2026 22:27
COLUMNA DE OPINIÓN: ALGUIEN TIENE QUE DECIRLO / MARÍA CRISTINA KRONFLE GÓMEZ

Hay algo profundamente contradictorio en la relación que hemos construido entre la ciudadanía y el Estado. Las instituciones existen para servir, responder, garantizar derechos y canalizar las necesidades colectivas. Sin embargo, muchas veces acercarse a ellas exige conocer procedimientos, formatos, competencias, requisitos y rutas administrativas que terminan convirtiendo una gestión sencilla en una experiencia compleja, distante y, en ocasiones, frustrante.

Lo digo desde una posición particular. Como abogada entiendo la necesidad de reglas, como activista conozco la importancia de que las instituciones mantengan procedimientos claros y como ciudadana observo que, cuando esos procedimientos se convierten en barreras, el sentido mismo del servicio público comienza a desdibujarse. Una persona que necesita ser escuchada debería poder comunicarse con el Estado, sin requerir conocimientos jurídicos, ni convertirse en especialista en trámites para conseguir que una consulta, una petición o una preocupación lleguen a quien corresponde.

Esa distancia institucional tiene una dimensión social mucho más profunda. Cada trámite innecesariamente complejo, cada respuesta automática, cada derivación interminable y cada puerta que conduce a otra puerta van construyendo una sensación de lejanía entre quien administra el Estado y quien vive diariamente las consecuencias de sus decisiones. Esa experiencia se acumula y termina transformándose en desconfianza, frustración e inconformidad. Difícilmente una ciudadanía puede sentirse parte de un Estado al que le cuesta tanto acceder.

Curiosamente, esa distancia parece reducirse con extraordinaria facilidad durante los períodos electorales. Entonces aparecen los recorridos, las reuniones, las llamadas, las visitas, las conversaciones directas y una cercanía casi inmediata con las personas. Durante esos meses escuchar parece posible, responder parece sencillo y encontrarse con la ciudadanía forma parte natural de la actividad política. Terminada la campaña, vuelve la estructura, vuelve el protocolo y vuelve esa separación que hace sentir al ciudadano que acceder a una autoridad o conseguir una respuesta institucional requiere atravesar una carrera de obstáculos.

Esto ocurre en todos los niveles. En los gobiernos seccionales, en la Asamblea Nacional, en el Ejecutivo, en el CPCCS, en los organismos de control y en buena parte de la administración pública. Cuando hablo de Estado me refiero precisamente a toda su estructura, a sus instituciones, autoridades y servidores públicos, independientemente del gobierno de turno o del nivel jerárquico que ocupen. Es una relación que hemos construido durante años y que merece ser revisada desde una comprensión mucho más cercana de lo que significa realmente servir a la ciudadanía.

Las instituciones deberían comprender que escuchar también es parte del ejercicio del poder público y responder construye confianza. Orientar adecuadamente acerca al ciudadano a sus instituciones. La relación con la sociedad se forma todos los días y probablemente tenga mucho más impacto una respuesta oportuna ante un problema concreto que cualquier discurso elaborado sobre participación ciudadana.

Parte de la creciente inconformidad social puede encontrarse precisamente allí, en la experiencia cotidiana de personas que sienten que hablan y nadie responde, que reclaman y nadie escucha, que preguntan y encuentran procedimientos antes que orientación. Cuando esa experiencia se repite, la distancia deja de ser únicamente administrativa y se convierte en una distancia social, política y emocional frente a las propias instituciones.

La democracia requiere cercanía también cuando no hay elecciones. La verdadera relación entre el Estado y la ciudadanía se construye durante los años en que no existe una campaña, cuando ya no hay votos que conquistar y escuchar deja de responder a una conveniencia electoral para convertirse en lo que siempre debió representar el servicio público, una responsabilidad permanente frente a las personas.

María Cristina Kronfle Gómez - @mckronfle

Abogada / Máster en Administración Pública / Activista

Columnista www.vibramanabi.com

5/9/2026

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