La película en su torpeza, sus errores y su seria falta de recursos consigue algo positivo. La promesa de ser la peor película es un imán desde la época en la que Ed Wood fue reivindicado, pero este furor en redes no se ve recompensado en los tortuosos noventa minutos que dura La guerra de los mundos
Guerra de los mundos (War of the Worlds, Estados Unidos, 2025) es una nueva adaptación de la novela de H. G. Wells, un clásico inmortal que ha marcado la cultura popular por más de un siglo, así como cambiando para siempre a la ciencia ficción. La adaptación radial de Orson Welles en 1938 fue un hito dentro de la radiofonía mundial y las películas de 1953 y 2005 son las dos más recordadas. La primera dirigida por Byron Haskin y la segunda por Steven Spielberg.
Hubo muchas otras, pero la del 2025 parece que quiere abrirse paso en la historia de una manera inesperada. El largometraje dirigido por Rich Lee y escrito por Kenneth A. Golde y Marc Hyman se ha convertido en una de las películas con peores críticas y respuesta del público de todos los tiempos. El desastre es tan grande que hay un número imposible de descifrar que solo la ve para sumarse al rechazo generalizado. Los puntajes negativos se multiplican y la película se ha vuelto popular porque en redes sociales todos han levantado la noticia de sus bajas calificaciones. ¿Truco de marketing o la película es realmente mala? A esta altura, nunca se sabe lo primero, pero lo segundo es clarísimo: es una película imposible de disfrutar.
Will Radford (Ice Cube), oficial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), trabaja para un programa de vigilancia gubernamental que puede monitorear a cada persona en la Tierra. Mientras ayuda a agentes del FBI a encontrar a un misterioso hacker conocido como “Disruptor”, meteoritos comienzan a impactar por todo el planeta. Grandes máquinas emergen de ellos y comienzan a atacar a los humanos. Radford y una amiga de la NASA (Eva Longoria) determinan que se trata de una invasión extraterrestre, lo que luego se confirma. El protagonista deberá lidiar con dicha amenaza, con los hackers, con los secretos del gobierno y con sus hijos, que están enojados – con razón- con su padre viudo porque los espía también a ellos.
La guerra de los mundos ha servido desde su publicación casi al final del Siglo XIX como un espacio para que cada nueva adaptación despliegue sus fantasías paranoides y al mismo tiempo, su mirada del ser humano y del mundo. En este caso el enemigo real es el sistema omnipresente de vigilancia gubernamental al que el propio protagonista pertenece. Las fantasías conspirativas tienen razón y los hackers podrían ser entonces los buenos. Como punto de partida podría funcionar, el problema de la película es que es visual y narrativamente difícil de tolerar. Toda la historia se cuenta a partir de pantallas donde se muestra lo que cada cámara ve, desde un smartphone hasta un drone, pasando por clásicas cámaras de seguridad, televisores y computadoras. El exceso de información y la poca prolijidad para presentarla la convierten en un trabajo arduo para el espectador. Trabajar para una película mala es demasiado. Ver los anteojos del protagonista se transforma entonces en la única diversión. ¿Qué se refleja en ellos? ¿Algo de lo que está pasando en la película o en el rodaje de esta?
Al final del día lo que importa es sí la película en su torpeza, sus errores y su seria falta de recursos consigue algo positivo. La promesa de ser la peor película es un imán desde la época en la que Ed Wood fue reivindicado, pero este furor en redes no se ve recompensado en los tortuosos noventa minutos que dura La guerra de los mundos. Son muy ridículas y bastantes polémicas las primeras situaciones de humor del padre persiguiendo a sus hijos en redes y luego el despliegue de efectos especiales ofrece muy poco. Un resabio de la pandemia y el sueño de poder filmar un largometraje sin salir de casa. Ice Cube tiene, irónicamente, muy pocos diálogos a pesar de que la película avanza mayormente con palabras. Solo se asombra una y otra vez con lo que pasa y poco más. Por otra parte, la cantidad de menciones a Amazon, sus entregas y sus productos es poco menos que sospechoso. No sabemos si es publicidad, autocrítica o denuncia contra el gobierno. Nada más aburrido que tratar de buscarle significados a un largometraje que no tiene nada valioso para ofrecer.

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