En el barro es una serie argentina en Netflix que transcurre en el ambiente carcelario de mujeres, un subgénero del cine de explotación. Sigue las diferentes historias y abre varias líneas narrativas, además de algunos conflictos centrales que son el corazón dramático de la temporada 1
En el barro es una serie argentina derivada de El Marginal (2016-2022) que transcurre en el ambiente carcelario de mujeres. Ambas están creadas por Sebastián Ortega y están conectadas por la historia, pero también por los personajes. En los ocho episodios iniciales elige como punto de partida la historia de un grupo de mujeres que es llevado al penal de máxima seguridad de La Quebrada. En mitad de dicho traslado, los cómplices criminales de una de ellas atacan al camión en el que se trasladan para rescatarla. El resto de las presas, de muy distinto origen, quedarán afectadas a partir de este ataque, generando conflictos con las reclusas del penal, incluso antes de finalmente entrar en él. La serie coral sigue las diferentes historias y abre varias líneas narrativas, además de algunos conflictos centrales que son el corazón dramático de la temporada 1. Una segunda temporada espera su fecha de estreno, en ambos casos con un elenco de actrices de diferentes épocas y estilos.
El Marginal fue una serie de cinco temporadas que tuvo buenos y malos momentos, pero que arrancó con una potencia inusual, llena de estilo, logrando un impacto notable. Iba mucho más allá de la explotación de la marginalidad que suelen llevar adelante los cineastas comprometidos, así como también los más descarados artistas del cine clase Z. El Marginal tenía personalidad y varios directores que sabían bien lo que hacían. Una serie de cárcel con toques buñuelescos y momentos escalofriantes. Comparada con su antecedente, Tumberos (2002), la serie mostraba la década perdida donde la miseria y la marginalidad no pararon de crecer en Argentina. No solo eso, también asomaba el culto a la marginalidad, algo que seguiría creciendo. Como fuera, lograba su cometido y aunque ya no hubo una temporada del mismo nivel, la historia estaba hecha. El capitalismo ha triunfado de nuevo y ahora hay un spin-off pero del género cárceles de mujeres producido por Netflix, ganar dinero mostrándole la marginalidad a los que no son marginales es un arte que desde hace décadas funciona en el cine y que también ha funcionado en televisión y streaming.
Pero En el barro llega un poco tarde a esa sensibilidad. La explotación de la miseria en la ficción se ha vuelto agotadora y por más esfuerzo que se le ponga ya una nueva serie golpea con menos fuerza y se recibe con menos ganas. El culto a lo miserable y sórdido ya no funciona igual y se nota. Filosofías aparte, lo que finalmente importa es si es una buena serie o no. Y lo cierto es que cumple bien algunos objetivos y falla sonoramente en otros. Tiene más el agotamiento de parecer una sexta temporada de El Marginal que la energía de la primera temporada de una serie nueva. Irónicamente, cuánto más rápido se aleje de su antecesora, más chances tiene de funcionar. Arranca con energía y pone flashbacks rápidamente, para no hacerle perder el tiempo al espectador. Conocemos las diferentes clases sociales y situaciones de cada una de las presas, incluyendo cierta ambigüedad acerca del nivel de culpabilidad de alguna de ellas. Las demás son genuinamente responsables de sus crímenes, varias sin atenuantes. Como corresponde a la demagogia de muchas series, la mayoría de los personajes masculinos son monstruosos, abyectos, de una maldad infinita. Algunos están un poco de más. Pero a no angustiarse, también hay personajes femeninos repugnantes, aunque no los principales.
El cine de cárceles de mujeres es un subgénero del cine de explotación. Alimentado por el morbo, este tipo de películas ofrecía sadismo, sexo lésbico, violaciones, prostitución, crueldad, sangre y violencia en diferentes niveles. Jesús Franco supo ser uno de los máximos exponentes de este género que tuvo su momento de gloria. Hollywood no fue ajeno a esto y tampoco lo fue el cine argentino. Desde Deshonra (1952) de Daniel Tinayre hasta Correccional de mujeres (1986) de Emilio Vieyra, las cárceles de mujeres en Argentina han tenido la versión clásica y la versión de explotación. En esta serie se intenta recrear la crudeza y la sordidez de El Marginal, algunos hallazgos de Leonera (2008) de Pablo Trapero y tiene muchísimo de explotación, aunque sin perder el costado humano de la trama. A pesar de tener todos los elementos de sororidad y feminismo en el guion y algunos personajes, el morbo por la explotación sexual deja de ser una denuncia para convertirse en un regodeo, mucho más cerca de Jess Franco y Emilio Vieyra de lo que uno podría imaginar a priori. Lo artístico no queda muy arriba acá, definitivamente no logra ir más allá de lo superficial, como si lo hacía El Marginal en la temporada inicial. Por momentos la serie se estanca en su culto a la marginalidad. No marginales contándole a no marginales como es ese mundo, paternalismo abyecto por momentos.
Lo mencionado no anula algunos de los méritos de la serie, en particular varias de las integrantes del elenco. Ana Garibaldi como Gladys Guerra “Lady Borges”, Lorena Vega como “La Zurda” y Carolina Ramírez como Yael Rubial, son tres de las que más se destacan. Muchas secundarias también están bien, como Cecilia Rossetto y nada menos que Juana Molina como “Piquito”. El fan club de Juana Molina estará contento con su regreso. También hace un rol secundario Alejandra “La Locomotora” Oliveras, recientemente fallecida y que recibe una dedicatoria al inicio de la serie. Ella está muy bien en su papel y es una sensación agridulce esta honorable despedida. No solo son las actrices, sino también los personajes y sus vínculos lo que funciona. Lo mejor de la serie está ahí. Lamentablemente no pasa con todos los personajes y situaciones. Ana Rujas como Amparo interpreta a una personaje de credibilidad nula, una española que no tiene una sola escena digna del resto. María Becerra, por su lado, que interpreta la canción de la serie, hace un papel que no tiene razón de ser y que parece más forzado para su aparición que para otra cosa. No entra en tono en ninguna escena.
Y al hablar de la canción de los títulos, un himno a la marginalidad, es ya imposible seguir postergando la comparación con Orange is the New Black (2013-2019). Para empezar, la serie creada por Jenji Kohan tenía como canción de cortina You’ve Got Time de Regina Spektor, cuya letra y música está a años luz de la canción de En el barro. Es cierto que la serie argentina debe ser fiel al mundo que retrata y nadie pide una imitación. De hecho, Vis a vis (2015-2019) la serie carcelaria española, queda a mitad de camino entre su propia autenticidad y la imitación con la serie americana. La conexión entre las tres series es innegable. En el barro tiene buenas escenas pero ni por asomo el ritmo, el humor o el presupuesto de Orange is the New Black. Consigue armar varias historias interesantes e intrigas que resuelve bien. El cierre de la temporada 1 consigue cerrar un par de círculos para que el espectador no se sienta estafado por demasiadas cosas abiertas. Al mismo tiempo asoma una clara y ya lista temporada 2, donde la promesa de nuevas actrices invitadas, invitada a seguir interesado. Tal vez el culto a la marginalidad, algo vencido en la Argentina actual, deba dejarse de lado y poner más énfasis en las actrices y los buenos personajes. O tal vez una temporada es suficiente para los espectadores y tengamos que ir a buscar otra serie.

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