Las sociedades más inclusivas son hoy en día las más estables, innovadoras y productivas. La inclusión, cuando es asumida en conjunto, multiplica valor, talento y cohesión. La exclusión hacia las personas con discapacidad no comienza en la adultez, se siembra en la niñez, en las aulas, en la falta de representación y en el silencio cómplice de un entorno que no sabe cómo integrar.
Durante décadas hemos visto cómo las grandes corporaciones son capaces de modificar hábitos culturales enteros. Nestlé lo hizo en Japón, en los años 70, cuando al apostar por el mercado juvenil consiguió que una sociedad tradicionalmente ligada al té, incorporara el café como parte de su vida diaria. Ese episodio sirve para recordarnos que el sector privado tiene un poder profundo para transformar comportamientos colectivos.
Hoy la pregunta que importa es otra ¿qué ocurriría si ese poder no fuera ejercido por una sola empresa, sino por muchas al mismo tiempo y con un propósito común?
¿Y si esa alianza no buscara cambiar un hábito de consumo, sino cambiar una mentalidad social?
Imaginemos un frente empresarial, diverso y articulado, que decide promover inclusión, accesibilidad y respeto desde la infancia. No como estrategia de marketing, sino como apuesta cultural. La influencia combinada de múltiples empresas, su alcance, recursos, llegada a escuelas, familias y comunidades; tendría un impacto que ningún actor aislado podría lograr.
La exclusión hacia las personas con discapacidad no comienza en la adultez, se siembra en la niñez, en las aulas, en la falta de representación y en el silencio cómplice de un entorno que no sabe cómo integrar. Allí es donde la acción conjunta del sector privado podría marcar una diferencia real.
Se necesita valentía para poner en marcha programas educativos en escuelas, campañas masivas coordinadas, materiales accesibles, espacios comunitarios de atención temprana, becas, empleo inclusivo y cadenas de valor. Si esto se logrará, dejarían de ver la diversidad humana como una concesión y la entenderían como una ventaja.
Un esfuerzo corporativo colectivo ampliaría el alcance y cambiaría la narrativa nacional.
Pasaríamos de mensajes dispersos a políticas realmente sostenibles, iniciativas aisladas a cultura compartida, responsabilidad social a corresponsabilidad social.
Y para quienes aún piensan en términos de “costo”, la evidencia es clara, las sociedades más inclusivas son hoy en día las más estables, innovadoras y productivas. La inclusión, cuando es asumida en conjunto, multiplica valor, talento y cohesión.
Japón aprendió a tomar café porque una empresa insistió.
Imaginemos lo que podría lograr un país entero, si muchas empresas insistieran en programar la inclusión de personas con discapacidad, no queda duda que quien lidere este proyecto empresarial multiplicará las oportunidades, nosotros podemos sumar desde nuestro rincón hoy.
Porque cuando una sola compañía puede cambiar un hábito, varias pueden cambiar una sociedad. Y ese es el tipo de evolución, que ya no podemos darnos el lujo de aplazar.

Erick Lasso
Ingeniero en Administración de Empresas y Máster en Gestión Estratégica y Alta Dirección
Gerente General de KLASS ASESORES - @klassasesores
Columnista www.vibramanabi.com
4/12/2025