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Ideologías en disputa, realidades en crisis: cuando el discurso ya no alcanza
Por: Érika Vaca Rodríguez
Publicado en 27/01/2026 10:10
Érika Vaca

 Recuperar la dignidad ciudadana implica exigir, pero también reconocer; criticar, pero con memoria; proponer, pero con los pies en la realidad. Porque cuando todo es crisis, sea económica, social, política y moral, el peor error es seguir hablando como si nada hubiera cambiado.

 

El mundo vuelve a girar alrededor del petróleo y no por convicción, sino por necesidad. Hoy, las grandes potencias empujan decisiones que dejan claro que las ideologías, tal como las conocemos, están quedando pequeñas frente a una realidad económica dura y urgente. Mientras se habla de principios, el sistema se mueve por sobrevivencia. Y en medio de ese reordenamiento global, los países que no aterrizan su discurso quedan atrapados entre la retórica y la escasez.

Es como discutir qué dieta es mejor mientras la despensa está vacía. En teoría, todos quisiéramos un modelo perfecto, limpio y justo. En la práctica, cuando no hay empleo, cuando el Estado no alcanza, cuando la inseguridad crece y los servicios colapsan, las prioridades cambian. El ciudadano ya no pregunta por ideologías, pregunta si alcanza para vivir, si hay trabajo mañana, si su ciudad es segura hoy.

Ahí está el verdadero quiebre del discurso político actual: sigue hablándole a un país que ya no existe. Un país que no vivía apagones, que no sentía miedo al salir de casa, que no veía migrar a sus jóvenes. Insistir en narrativas viejas en medio de crisis múltiples es como intentar arreglar una gotera con discursos, mientras el agua ya inundó la casa.

La urgencia hoy no es defender una etiqueta ideológica, sino construir mensajes honestos, responsables y conectados con lo que se vive en la calle. La gente no quiere promesas abstractas; quiere decisiones comprensibles. No quiere peleas simbólicas; quiere resultados concretos. Quiere saber qué se hace con los recursos, por qué se toman ciertas decisiones y cómo eso mejora, o no, su vida cotidiana.

También es momento de madurar como sociedad y reconocer que ningún país se levanta negando su historia reciente. Validar lo que se ha hecho bien, tanto por autoridades actuales como por administraciones anteriores, no es rendirse ni traicionar convicciones: es dignificar el esfuerzo colectivo. Ningún cantón, ninguna nación, avanza desde el desprecio permanente ni desde la negación absoluta de todo lo previo.

Recuperar la dignidad ciudadana implica exigir, pero también reconocer; criticar, pero con memoria; proponer, pero con los pies en la realidad. Porque cuando todo es crisis, sea económica, social, política y moral, el peor error es seguir hablando como si nada hubiera cambiado.

La pregunta final no es si el petróleo, los aranceles o las potencias tienen la razón. La pregunta es más profunda y nos interpela a todos: ¿estamos dispuestos a abandonar discursos cómodos para asumir, con responsabilidad y conciencia, el país real que hoy somos y el país posible que todavía podemos construir juntos?

 

Érika Vaca Rodríguez

Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing

Columnista www.vibramanabi.com

27/1/2026

 

 

 

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