En 1986, un grupo de profesores de matemáticas en Estados Unidos generó una fuerte discusión sobre el uso de calculadoras en el aula, especialmente en los primeros grados. Estos docentes se manifestaron afuera de la reunión anual del National Council of Teachers of Mathematics para protestar contra una recomendación que promovía integrar las calculadoras desde niveles básicos. Argumentaban que el uso prematuro de estas herramientas podía hacer que los estudiantes dependieran de las máquinas antes de dominar habilidades fundamentales como sumar, restar, multiplicar y dividir.
La controversia reflejaba una preocupación más amplia sobre cómo la tecnología podía afectar el aprendizaje profundo, un debate que sigue vigente hoy con nuevas herramientas educativas. Aunque algunos maestros se oponían, otros defendían su uso responsable, y con el tiempo las calculadoras se integraron al sistema educativo como un apoyo complementario, sin reemplazar la enseñanza de los fundamentos matemáticos.
Aquellos 20 profesores de matemáticas que protestaron en Washington contra el uso de calculadoras en las escuelas, liderados por John Saxon, temían que los alumnos dejaran de aprender lo básico. Sus carteles decían que primero debía entrenarse el cerebro, no el botón. Para ellos, la tecnología era una amenaza.
Casi 40 años después, el debate público y académico se repite. Ahora el miedo se llama Inteligencia Artificial. Herramientas como bots generan desconfianza, bloqueos y protestas por posibles trampas. Así las cosas, la historia volvió: cada herramienta nueva parece peligrosa al inicio. Antes fue la calculadora, hoy la IA. ¿Estás en contra o a favor del uso de ambas? Quizá, hay que usar las herramientas para enseñar y aprender a pensar mejor, no a copiar.

Con información de The Washington Post y redes sociales.
