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Confía en mí: el falso profeta (2026)
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 18/04/2026 12:34
SIN FILTRO / PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

Crónica del dolor y la esperanza humana. “Confía en mí: el falso profeta” (2026) es un registro policial de metrajes rescatados disponible en Netflix. Pero para mirarla y disfrutarla no hay que asumirse como juez, acaso poner los ojos del desvelado. Conceptualmente es un retrovisor que nos devuelve la imagen de nuestra propia e interminable necesidad de pertenecer, aunque el precio sea el propio naufragio.

Esta miniserie documental de cuatro capítulos, dirigida por Rachel Dretzin, nos lleva a los desiertos de Utah. Allí, tras la caída del infame Warren Jeffs, un hombre insignificante llamado Samuel Bateman entendió que el miedo no soporta el vacío. Y se autoproclama heredero divino. La cámara de la investigadora Christine Marie y el cineasta Tolga Katas no es un testigo pasivo. Ellos tres se infiltran en el círculo íntimo de la secta polígama para lograr cientos de horas de grabaciones reales capturadas mientras el horror sucedía. Ahí se ve a Bateman someter voluntades, tomar múltiples esposas —muchas de ellas niñas desamparadas— y acumular poder en nombre de un dios que, sospechosamente, siempre le daba la razón, permitiendo que se instale una especie de laberinto de la obediencia divina.

¿Por qué se entregan los seres humanos a las manos que los estrangulan? La serie nos revela que el miedo a la libertad suele ser más grande que el miedo al dolor. Bateman no inventó nada; solo administró su soledad y la de otros. Creó una dependencia absoluta aislando a sus víctimas del resto del mundo. El documental nos muestra que cuando a una persona se le arrebata la capacidad de decir "yo", el tirano le ofrece amablemente un "nosotros" a cambio de su sumisión total. Hay una escena fundamental que resume la tragedia del absurdo humano: las mujeres cosen afanosamente sus propios e idénticos vestidos modestos mientras el "profeta" maneja un lujoso automóvil Bentley. El contraste no es una contradicción para los fieles; es la prueba de su fe. El despojo de unos construye la opulencia del que manda.

El final de la serie nos deja con un sabor amargo y luminoso a la vez. Bateman termina tras las rejas, condenado a una larga pena en prisión. Pero el verdadero final no ocurre en los tribunales, sino en las llamadas telefónicas que él sigue haciendo desde su celda y en las mentes de quienes aún esperan que las rejas se abran por milagro divino. Las cadenas más difíciles de romper no son las de hierro, sino las que se forjan en la conciencia. Aunque el cuerpo del opresor esté encerrado, su voz sigue gobernando los silencios de quienes fueron educados para no existir sin él. Pero, al final, esta gran miniserie demuestra que la verdad no cae del cielo ni la traen los profetas; la verdad se construye abajo, de a pie, cuando los humillados pierden el miedo y empiezan a contarse su propia historia. Hay que darle aire a la bronca.

Néstor Romero Mendoza

CEO www.vibramanabi.com

Periodista / Espectador / Asesor de Comunicación Política Estratégica

18/4/2026

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