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Parque Lezama (2026)
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 05/05/2026 14:18
SIN FILTRO / PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

En los pliegues de una sociedad que se deshace, la versión cinematográfica de “Parque Lezama” (2026) surge como un registro del naufragio espiritual y una obra magistral. Bajo la dirección de Juan José Campanella —quien aquí abandona la nostalgia fácil para abrazar una angustia casi metafísica—, la película avanza hacia lo más recóndito de la condición humana, un espacio donde el tiempo no transcurre, acecha.

La trama va de frente: dos ancianos, León (un exmilitante comunista apasionado) y Cardozo (un conserje conformista) forjan una amistad con humor y corazón, varados en un banco de plaza que es, en rigor, el último bastión de la resistencia contra la nada. León es el sofista del asfalto, un fabulador que inventa pasados gloriosos para no sucumbir a la humillación del presente. Cardozo es el realismo herido, el hombre que ha aceptado la finitud como una condena ciega. Lo que en apariencia es una comedia de caracteres, se transforma en un drama existencialista. La cámara se detiene en las arrugas, en las manos temblorosas, en esa luz crepuscular del parque que evoca la ceguera de los que ya no quieren ver el mundo tal como es. Y así transita la historia a través de acciones, confesiones y exclamaciones que parecen de auxilio en medio del silencio absoluto, a veces, convirtiendo cada escena en un pasadizo de la memoria y un estado del alma, donde el hombre busca una salida que sabe inexistente.

Parque Lezama es una película argentina protagonizada por Luis Brandoni y Eduardo Blanco. Está basada en la exitosa obra teatral contracultural de Herb Gardner, centrada en el diálogo y la visión positiva de la vida en la vejez. En su nombre original, “I'm Not Rappaport” (1985), el escenario es un refugio donde el espectador observa a los ancianos desde una distancia prudencial, casi como quien mira un cuadro de costumbres. Pero en esta versión cinematográfica disponible en Netflix, la cámara de Campanella actúa como un ojo inquisidor, cuyos primeros planos despojan a los personajes de cualquier defensa, dejando en libertad sus expresiones. Vemos cada poro, la humedad del ojo, la derrota grabada en la piel. Y la esperanza también.

Por su lenguaje sencillo, coloquial, entretenida, sin grandes giros -y menos siquiera forzados-, Parque Lezama es una de esas películas que hay que ver antes de partir. Es disfrutar de dos soledades que encuentran un lugar para habitar.

Néstor Romero Mendoza

CEO www.vibramanabi.com

Periodista / Espectador / Asesor de Comunicación Política Estratégica

5/5/2026

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