
Muchas elecciones no se pierden en las urnas, sino en el encierro. Hay un cáncer silencioso que ataca a las campañas y hasta a las mismas casas de gobierno: el pensamiento de grupo, espacio y tiempo donde el candidato solo se ve a sí mismo, multiplicado por diez asesores que le dicen "sí" antes de que él termine de preguntar.
Irving Janis, un estudioso de la naturaleza humana, lo llamó Groupthink allá por 1972. Es la ley del rebaño aplicada a la alta política. Describe cómo grupos altamente cohesionados sacrifican el análisis crítico para evitar el conflicto interno. Así, en un búnker de campaña, esto se traduce en la "ilusión de invulnerabilidad". En el afán de estar todos de acuerdo, de no ser el "irreverente" que trae malas noticias, los equipos de trabajo levantan muros de cristal. Se sienten invencibles mientras el mundo afuera está gritando otra cosa. Y ya lo dice aquel viejo proverbio: si todos piensan igual, es que nadie está pensando.
Estudios posteriores a los de Irving, como los de Cass Sunstein sobre la polarización en grupos, demuestran que cuando los asesores comparten una visión del mundo idéntica, sus decisiones tienden a extremarse hasta el absurdo (cascada informativa). El equipo deja de evaluar riesgos y comienza a ignorar las señales de alerta externas, etiquetándolas como "ruido de opositores" o "encuestas sesgadas". Es la trampa de la homogeneidad.
Anatomía de la derrota. Los candidatos, comúnmente, se rodean de personas que lee o escucha a los mismos periodistas o a las mismas cuentas de redes sociales y que vive en su mismo entorno. Arman equipos de clones. Todos miran hacia el mismo lado y nadie se da cuenta de que el abismo está cerca, al otro costado. Un equipo sin una voz que discuta es, en realidad, un equipo que está caminando dormido hacia el precipicio. Y más si está conformado exclusivamente por perfiles similares (misma extracción académica, clase social o círculo ideológico); estadísticamente es más propenso al sesgo de confirmación.
Otro detalle no menor: hoy, el búnker de campaña vive en una burbuja de píxeles. Confunden el ruido de las redes sociales con el latido de la calle. Asumen que el algoritmo es el destino. Pero el elector de este siglo nuevo ya no es solo una cifra, es un laberinto de deseos, dolores, sueños, pesadillas, desvelos, aspiraciones. Mientras los asesores discuten grandes teorías en salas con aire acondicionado, el hombre y la mujer de a pie busca una mano que lo reconozca, identifique, ayude y proteja, no una pantalla que lo ignore. Generalmente, el equipo de campaña suele vivir en su propia burbuja de tendencias, confundiendo elementos de su feed de Facebook, X o TikTok con el sentimiento cantonal, provincial o nacional, inobservando que el electorado del siglo XXI responde a problemas hiperlocales y emocionales.
Las campañas exitosas de hoy se integran también de elementos rojos (Red Teaming) encargados de destruir las estrategias generadas por el propio equipo de campaña, a partir de la evidencia científica, los datos verificados y la retroalimentación cualitativa con el votante. Sin esta fricción creativa, el equipo del candidato cae en una complacencia peligrosa, creyendo que su voz o idea es la única válida. Pero el electorado actual es un ecosistema de micro-segmentos volátiles, provocando, por ejemplo, que la confianza en las instituciones ha caído a mínimos históricos, siendo reemplazada por una validación horizontal en redes sociales. Todos, con un dispositivo en mano, son lideres de opinión.
Para ganar en esta era, hay que romper la burbuja tóxica. La estadística, el análisis de datos masivos (Big Data) y la conversación con los diferentes deben primar sobre las intuiciones del "círculo íntimo". Perder una elección hoy es, en gran medida, la consecuencia de haber construido un búnker tan sólido que ni siquiera la verdad pudo entrar y un castigo a la soberbia de creer ficciones, mientras el votante ya se ha ido a otra parte, llevando sus sueños, identidad y sus votos a donde alguien que, al menos, se atrevió a escucharlos. Entender y comprender la diversidad y contextos es la única forma de no morir de ceguera.

Néstor Romero Mendoza
CEO de www.vibramanabi.com
Periodista / Asesor de Comunicación Política Estratégica / Consultor Político Independiente
27/4/2026