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Cómo perder las elecciones (III) - Toda política es local
Néstor Romero Mendoza
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 16/04/2026 16:50
PENSAR
Ilustración de IA.

¿Por qué se pierde una campaña electoral? Rara vez se debe a un solo factor. Lo común es la combinación de errores estratégicos, de comunicación y coyunturales, como la ausencia o deficiencia de la estrategia, la falta de investigación sobre dónde está la gente, sus sueños, pesadillas e insomnios; la emisión de mensajes difusos sin contexto ni objetivos; la presentación de propuestas técnicas aburridas que no enganchan con los sentimientos y emociones ciudadanas; la improvisación de último minuto al intentar hacer en las últimas semanas lo que debió construirse durante meses. Pero hay un elemento poco visibilizado, aunque recurrente, y es la falta de armado y/o consolidación de liderazgos territoriales que se conviertan en motor y motivo de la misma campaña central, para acompañarla, promoverla e impulsarla con lealtad hasta el cierre del proceso electoral. Sea parroquial, cantonal, provincial o nacional, toda política es local.

Soberbia y burbuja: Los candidatos que solo escuchan a un círculo cerrado de aduladores y pierden el contacto con la realidad y percepción del votante tienen asegurada su derrota. Dice el proverbio, o tal vez lo invento ahora porque para el caso es lo mismo, que no hay nada más ciego que un equipo de campaña mirando hojas de Canva, Word, PDF o Excel sin alma. Ahí están ellos, sentados, creyendo que el mundo está en esos cuadros y palabras de colores mientras afuera la realidad sucede con una terquedad que los datos no alcanzan a domesticar. La primera piedra en este camino al abismo es el desprecio o quemeimportismo por la construcción de liderazgos territoriales, por esa idea peregrina de que la política es un asunto de impulsos, de corazonadas, de salir en un video a decir lo primero que se le ocurra al precandidato o candidato. Error letal, que viene siendo casi lo mismo que una campaña sin estrategia, una ruta crítica, pues entonces es como un barco que sale a alta mar sin brújula y con el capitán borracho de autocomplacencia. Sin una estructura previa, tanto de lideres como de pensamiento, sin una arquitectura que sostenga su línea discursiva y storytelling, el precandidato o candidato se convierte en cualquier cosa movida por los vientos del algoritmo.

El territorio no es un mapa colgado en la pared. Es el barrio, es la esquina, es la comunidad, es el lugar donde la gente se queja de que el pan y los combustibles suben y el agua y las oportunidades no llegan. Si usted arma su lista con amigos de gimnasio o de farra o con expertos en retórica de salón y desprecia los liderazgos territoriales, esos hombres y mujeres que conocen hasta el nombre de los perros de su vecindario y de otros vecindarios, entonces usted ya ha empezado a perder. Porque en la nueva sociedad, tan llena de pantallas y tan ausente de abrazos, el votante busca desesperadamente una identidad, alguien que huela a él, no a oficina climatizada, a distancia. En el siglo XXI, la política se ha vuelto hiperlocal. Una lista de candidatos sin "dueños de votos" en los distritos es una lista muerta. La estadística de elecciones seccionales demuestra que el "efecto arrastre Presidencial” -sea quien esté de turno en el puesto- ha disminuido completamente; hoy, la transferencia de votos es bidireccional. Así, por ejemplo, si tú, como precandidato o candidato a Prefecto, tienes aspirantes a alcaldes, concejales y miembros de Gobiernos Parroquiales sin capacidad de movilización propia y conocimiento de la cosmovisión social de su zona, tu campaña ya está perdida. Sin territorio, no hay conquista de electores, no hay control electoral, y sin control de mesas, pasa lo inevitable.

Economía de la atención. Mucho se habla de la tecnología en la política, inclusive de la inteligencia artificial, pero se ignora la estupidez natural que puede arruinarlo todo, poquito a poquito. Así, el marketing nunca podrá sustituir a la política. Y, sin embargo, algunos precandidatos o candidatos vienen convirtiendo el contacto con los electores en una parodia digital. Quizá, creen que un mensaje masivo reemplaza la mirada a los ojos, el apretón de manos que es, en última instancia, el contrato social más antiguo del mundo. Si usted como precandidato o candidato no entiende que el elector actual es una criatura herida por promesas incumplidas y asustada por la incertidumbre de los nuevos tiempos, si usted no baja al barro, si no se ensucia los zapatos y camina con él en esa periferia que solo visita cuando hay cámaras delante, las urnas le devolverán un silencio estridente.

En una campaña, el recurso más escaso no es el dinero, sino la atención del votante. El voto es una decisión emocional justificada racionalmente, a veces. Si no logras engancharte con el elector en los primeros 5 segundos de contacto, estás fuera del juego. Perder las elecciones es el resultado lógico de una desconexión técnica y espiritual con el territorio. Es creer que el poder es un derecho y no una concesión momentánea y precaria de una multitud que, en cualquier momento, puede decidir que usted ya no le sirve para nada. Es no entender ni comprender que el voto es, antes que un número, un acto de voluntad y confianza de un ser de carne y hueso que se levanta cada mañana con sus realidades, sus percepciones, sus traumas, sus angustias, sus miedos, sus sueños y sus aspiraciones mordiéndole los talones y la mente. Toda política es local.

Néstor Romero Mendoza

CEO de www.vibramanabi.com

Periodista / Asesor de Comunicación Política Estratégica / Consultor Político Independiente

16/4/2026

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