
Por una hora y 44 minutos la penumbra es ausencia de luz y, también, la anatomía misma de la condición humana. Es sentarse a mirar y enfrentarse a “Yiya Murano: Muerte a la hora del té” (2026), la nueva pieza documental añadida a Netflix basada en hechos reales suscitados en la Argentina de los años 70, que tiene como gran protagonista a "la envenenadora de Monserrat", una de las figuras más enigmáticas y oscuras de la historia criminal mundial pues su caso combinó el horror de los asesinatos a sangre fría con una personalidad mediática potente, que la convirtió en uno de esos extraños iconos pop, tiempo después de la tragedia. No estamos ante un simple true crime; estamos ante una exploración de los túneles ciegos de la psique, una bajada a los infiernos donde el horror no viste de harapos como muchos creen, sino con trajes de moda mientras se sirven alimentos o bebidas en porcelanas para nada baratas.
Esta producción detalla el periplo de Yiya a través de un archivo recuperado en 2025. La narrativa se estructura como una desventura en tres actos: el deseo de pertenencia a una burguesía decadente, la traición como única moneda de cambio, y el olvido como forma última de castigo. Yiya estafó a tres de sus amigas cercanas —Nilda Gamba, Lelia Formisano y Carmen Zulema del Giorgio— bajo la promesa de multiplicar sus ahorros mediante supuestas inversiones. Cuando ellas comenzaron a reclamar el retorno de su dinero, Yiya las invitó a tomar el té y les sirvió masitas (pasteles). Horas después, las tres mujeres murieron por ingestión de cianuro. Aunque el mito popular argentino sentencia que el veneno estaba en los postres, el documental de Netflix profundiza en la teoría de que pudo estar en el té para enmascarar el sabor amargo. Lo cierto es que así las ejecutó Yiya, quizá hasta para fugar de su asfixia existencial por ser, estar y parecer y no solo por timar.
La grandeza de este documental radica en lograr algo perturbador: mostrarnos la normalidad del monstruo que habitaba en Yiya, quien fue capaz de conjugar el hogar como refugio y, simultáneamente, como cámara de tortura. Su narcisismo se aleja de la vanidad para ser una conciencia aterrador: para ella, los otros no son seres humanos, sino obstáculos en su visión subjetiva de la realidad.
"Yiya Murano: Muerte a la hora del té", dirigido por Alejandro Hartmann, utiliza material inédito para mostrar una faceta menos conocida de la protagonista: la de una mujer manipuladora que incluso intentó atentar contra su propio hijo, Martín Murano. Yiya fue condenada en 1985, pero tras una reducción de pena salió en libertad en los años 90. Lejos de esconderse, aprovechó su notoriedad para participar recurrentemente en programas de televisión, donde bromeaba sobre sus crímenes con un carisma perturbador. Ella falleció en un geriátrico en 2014, a los 83 años, llevándose consigo muchos de los secretos de sus crímenes. En 2023, Martín llegó a subastar el juego de té original de su madre para donar el dinero a una causa benéfica, buscando transformar ese objeto de horror en algo positivo. Pero Yiya nunca dejó de ser la mujer que pagaba sus deudas con cianuro.

Néstor Romero Mendoza
CEO www.vibramanabi.com
Periodista / Espectador / Asesor de Comunicación Política Estratégica
1/5/2026