Nada lo despierta, ni la luz del sol de las siete de la mañana ni el ruido de los carros que van y vienen. Allí está, dormido sobre un colchón mugriento y deshecho en la acera. Dos amigos pasan junto al mendigo; uno comenta: “Ese tipo no tiene problemas; tiene la vida perfecta”. El otro responde: “Entonces, acuéstate a su lado”. Ríen de su ocurrencia mientras el hombre sigue roncando, ajeno a todo.
Por la noche veo una noticia: un hombre casado, con cinco hijos, en España, graba un video para redes sociales. Entre lágrimas dice que ha decidido dejar a su familia porque, al llegar a casa, sus hijos no lo saludan; están absortos en el celular, y su mujer solo se preocupa por su cabello, sus uñas y su piel.
Al final, el mendigo no tiene que grabar videos para anunciar que se va. Nadie le pide explicaciones, nadie le reclama presencia, nadie le exige sonreír para la foto. Irónico: el que no tiene nada descansa; los que lo tienen todo no encuentran dónde quedarse

Freddy Solórzano
Escritor / Periodista / Editor Diario La Marea de Manta
4/5/2026