Las elecciones seccionales del 29 de noviembre no serán una competencia más por alcaldías, prefecturas y juntas parroquiales; serán una prueba para saber cuánto hemos aprendido como país. Elegiremos 23 prefectos, 222 alcaldes, 1.366 concejales urbanos y rurales, 4.131 vocales parroquiales y siete consejeros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. No podemos volver a votar únicamente por una bandera, una canción o una campaña llena de promesas. Esta vez debemos revisar quiénes son, de dónde vienen, qué han administrado y qué intereses podrían estar detrás de cada candidatura.
El panorama exige máxima atención. Existen 235 organizaciones políticas habilitadas y al menos 12 alcaldes atraviesan investigaciones, procesos judiciales o denuncias electorales. Además, una investigación citada por medios nacionales señala que grupos vinculados con actividades criminales tienen presencia en 150 cantones. Esto no significa que todas las autoridades ni todos los candidatos estén relacionados con estructuras ilegales, pero sí demuestra que los partidos deben aplicar filtros serios. No basta con presentar certificados: también deben revisar antecedentes políticos, financiamiento, patrimonio, círculo de colaboradores y posibles conflictos de interés.
La responsabilidad no recae solamente en las organizaciones. El Consejo Nacional Electoral debe transparentar la inscripción y el financiamiento de las campañas; la Unidad de Análisis Financiero y Económico debe detectar movimientos injustificados; y la Fiscalía General del Estado debe investigar sin cálculos políticos. Pero nosotros, como ciudadanos, también tenemos una tarea: preguntar, comparar planes, escuchar debates y no permitir que una funda de alimentos, una camiseta, obras a última hora o una promesa momentánea decidan cuatro años de administración. La democracia se debilita cuando vendemos nuestra conciencia y después reclamamos por autoridades que nunca investigamos.
Ecuador necesita candidatos capaces de resolver problemas reales: agua potable, seguridad, empleo, salud, vialidad, recolección de desechos y atención rural. No necesitamos salvadores fabricados por redes sociales ni figuras sostenidas únicamente por ataques contra sus adversarios. Antes de entregar el voto, preguntémonos con honestidad: ¿esta persona quiere servir a la comunidad o controlar sus recursos? Y a las organizaciones políticas les corresponde responder algo todavía más importante: ¿están seleccionando a los mejores ciudadanos? Esta elección no solo definirá autoridades; revelará qué clase de democracia estamos dispuestos a defender.

Érika Vaca Rodríguez
Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing
Columnista www.vibramanabi.com
29/7/2026