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Vibra & Salud | Mira los nuevos estudios científicos que vienen vinculando directamente la alergia y la migraña
Publicado en 30/07/2026 09:09
SECCIÓN: SALUD
Ilustración de la red / Con información de Infobae / #Vibra #Manabí Pedidos: vibramanabi@gmail.com

La migraña es un trastorno neurológico crónico caracterizado por episodios de dolor de cabeza de intensidad moderada a severa. Suele presentarse como una molestia pulsátil, generalmente en un lado de la cabeza, acompañada de náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz y al sonido.

En algunos casos, las personas experimentan alteraciones visuales o sensoriales denominadas aura, que pueden incluir destellos de luz, puntos ciegos o dificultad para hablar.

Los ataques pueden durar desde unas pocas horas hasta varios días y afectan significativamente la calidad de vida, interfiriendo con las actividades diarias, el trabajo y las relaciones personales. Además, los pacientes pueden experimentar síntomas previos, como cambios de humor, antojos, fatiga o rigidez en el cuello, y síntomas posteriores, como confusión o dificultad para concentrarse, indica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aunque la causa exacta no se conoce con precisión, se cree que involucra una combinación de factores genéticos y ambientales. Durante un ataque, se produce una actividad anormal de señales nerviosas, sustancias químicas y vasos sanguíneos en el cerebro. Causas como cambios hormonales, estrés, alteraciones del sueño, ciertos alimentos y variaciones climáticas pueden desencadenar los episodios. Esta condición afecta a personas de todas las edades, pero es más común en mujeres y suele aparecer entre la adolescencia y la mediana edad.

¿Existe relación entre la migraña y las alergias?

Durante años, investigadores y médicos han observado una posible relación entre la migraña y los trastornos alérgicos. Muchas personas que conviven con los dolores de cabeza también presentan reacciones respiratorias, cutáneas o alimentarias, y la convivencia de ambas condiciones plantea preguntas sobre si existe un vínculo fisiopatológico entre ellas.

Según una revisión publicada en el Journal of Clinical Medicine, la relación es compleja y aún no se ha determinado de manera definitiva. Sin embargo, múltiples estudios poblacionales han demostrado que los pacientes con migraña tienen una mayor frecuencia de trastornos alérgicos, como rinitis alérgica, asma y dermatitis atópica, en comparación con la población general.

La literatura científica indica que la inflamación y la disfunción inmunitaria pueden ser los puntos de encuentro entre ambas patologías. El sistema histaminérgico, que regula la liberación y el efecto de la histamina, también estaría implicado en la fisiopatología de las molestias de cabeza.

Se ha observado que las personas con migraña suelen tener niveles elevados de histamina en sangre, especialmente durante los ataques, y que la histamina puede influir en la actividad de ciertas regiones cerebrales vinculadas con el dolor y la sensibilidad neuronal.

Por su parte, el National Institute of Neurological Disorders and Stroke señala que los episodios de dolores pueden desencadenarse por la liberación de sustancias inflamatorias alrededor de los nervios y vasos sanguíneos de la cabeza, un proceso que también ocurre durante una reacción alérgica. Además, la Organización Mundial de la Salud menciona que factores ambientales como cambios estacionales, exposición a alérgenos o alteraciones del sueño pueden actuar como desencadenantes de ambas condiciones.

Cómo prevenir la migraña

Prevenir la migraña se traduce en identificar los factores desencadenantes y adoptar estrategias personalizadas para reducir la frecuencia y la intensidad de los ataques. Según el National Institute of Neurological Disorders and Stroke, uno de los primeros pasos recomendados es mantener un registro de los episodios y sus posibles causas, como ciertos alimentos, cambios hormonales, estrés, alteraciones del sueño o exposición a luces intensas. Este registro ayuda a las personas a reconocer patrones y evitar situaciones que favorecen la aparición de migrañas.

La Organización Mundial de la Salud también señala la importancia de mantener rutinas regulares de sueño, alimentación y actividad física. Dormir lo suficiente, comer a horarios estables y realizar ejercicio de forma moderada pueden contribuir a disminuir la frecuencia de los ataques. Además, la OMS recomienda minimizar el consumo de alcohol y evitar el uso excesivo de medicamentos para el dolor de cabeza, ya que el abuso de analgésicos puede aumentar el riesgo de migrañas crónicas.

BMJ Best Practice destaca que el manejo del estrés mediante técnicas de relajación, meditación o terapia cognitivo-conductual puede ser beneficioso para muchas personas con migraña. Asimismo, algunos pacientes requieren tratamientos preventivos farmacológicos. Entre las opciones más utilizadas se encuentran los betabloqueantes, anticonvulsivos, antagonistas del péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP) y toxina botulínica, siempre bajo control médico.

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