En el mundo, y particularmente en los países en vías de desarrollo, no le hemos ganado al patriarcado. Hemos conquistado derechos, accedido a espacios que durante siglos nos fueron vedados y demostrado hasta la extenuación que poseemos la capacidad intelectual, profesional y política para ejercer cualquier función. Sin embargo, la estructura patriarcal no desapareció, se volvió más sofisticada. Ya no siempre necesita prohibir expresamente la participación de las mujeres, porque ha aprendido a operar desde la insinuación, la sospecha y el cuestionamiento sistemático de nuestra legitimidad.Existe una suerte de MK Ultra social, entendido como una metáfora del condicionamiento colectivo, mediante el cual determinados prejuicios son repetidos, normalizados y transmitidos hasta adquirir la apariencia de verdades incuestionables. Así, cuando una mujer asume un papel protagónico o accede a una posición de poder, no se examinan únicamente sus conocimientos, su experiencia o su trayectoria, inmediatamente se activa un inventario de interrogantes que rara vez se formula respecto de los hombres, si será capaz de ejercer autoridad, si podría quedar embarazada, si tendrá tiempo por el cuidado de sus hijos, si será emocionalmente estable o si su vida privada terminará interfiriendo con sus responsabilidades públicas.
La trampa es evidente, se asigna históricamente a las mujeres la responsabilidad principal del cuidado y, posteriormente, se utiliza esa misma carga para justificar su exclusión de los espacios de decisión. Se nos exige responder por la familia, la maternidad y la organización doméstica como si se tratara de obligaciones inherentes y exclusivamente femeninas, mientras la corresponsabilidad masculina continúa siendo presentada como una colaboración voluntaria y no como un deber elemental.
A los hombres se les permite ejercer el poder desde su individualidad, cometer errores y fracasar sin que cada desacierto sea convertido en un juicio contra todo su género. A las mujeres, en cambio, todavía se nos obliga a representar simbólicamente a todas las demás. Debemos ser competentes, prudentes, firmes, empáticas, impecables y, además, demostrar permanentemente que nuestra condición de mujeres no constituye una limitación. Si una mujer ejerce autoridad, se la califica de conflictiva, si procura consensos, se la considera débil, si tiene ambición, se la condena, si no la tiene, se cuestiona su liderazgo. La evaluación nunca concluye, porque el problema no es verdaderamente su conducta, sino su presencia en un territorio que todavía se concibe como masculino.
Lo más inquietante es que esta estructura no se reproduce exclusivamente a través de los hombres. El patriarcado ha alcanzado tal nivel de eficacia cultural que también consigue que muchas mujeres vigilen, censuren y deslegitimen a otras mujeres con los mismos parámetros que durante generaciones fueron utilizados para subordinarnos. Un sistema de dominación alcanza su mayor perfección cuando ya no necesita imponer sus reglas mediante la fuerza, porque ha logrado que las propias personas sometidas las reproduzcan y las defiendan como si fueran sentido común.
Por eso, la presencia de más mujeres en espacios de poder no significa, por sí sola, que hayamos superado el patriarcado. La verdadera pregunta consiste en determinar bajo qué condiciones llegan, cuánto deben sacrificar para permanecer y por qué todavía se les exige una excelencia moral, emocional y profesional que jamás ha sido considerada un requisito indispensable para los hombres.
No hemos derrotado al patriarcado, apenas lo hemos obligado a modificar su discurso, a ocultar la discriminación detrás de una supuesta preocupación y a presentar el prejuicio como prudencia. Quizás por eso resulta tan difícil combatirlo, porque ya no siempre grita, prohíbe o expulsa. Ahora susurra, desacredita y siembra dudas, hasta conseguir que una mujer tenga que defender su derecho a ocupar un lugar antes de que siquiera pueda comenzar a ejercerlo.

María Cristina Kronfle Gómez - @mckronfle
Abogada / Máster en Administración Pública / Activista
Columnista www.vibramanabi.com
4/8/2026