
Acuérdate que el dolor a veces es como una tierra agrietada que no dice nada, pero por dentro ruge. Te han vendido la idea de que ser fuerte es tragarse los suspiros, guardar los golpes del alma en un rincón oscuro y seguir caminando en silencio, como si no pasara nada. Pero el silencio es un frío que va gastando la salud del alma. La salud mental, cuando se vive a solas, se marchita más rápido; en cambio, cuando se comparte en comunidad, florece. Por eso estamos aquí, en Vibra Manabí, juntando voces para que el viento no se lleve nuestras ideas libres, porque lo opuesto a la tristeza profunda no es una risa vacía. Es más bien la conexión real con otra mirada.
Aquí, donde la tierra ha temblado y te ha enseñado lo frágil que es la existencia, sabes bien que la vida a veces duele. Pero una cosa es la adversidad de la vida cotidiana —el desamor, el luto natural, los problemas del día a día que llamamos rutina— y otra muy distinta es la herida profunda, el trauma, que significa desconexión y herida en el tejido de tu ser.
Datos de la Organización Mundial de la Salud revelan que el 70% de los adultos vivirá al menos un evento traumático en su vida. Si piensas en las diez mujeres que más amas—tu madre, tu pareja, tus hermanas, tus hijas, etc.—, siete de ellas pasarán por una tormenta que dejaría huellas.
Esta realidad no empieza en la adultez; se siembra en la niñez. A nivel mundial, entre el 50% y el 65% de los niños y niñas menores de 17 años sufren abusos, violencia o negligencia en sus propios hogares. Cuando un niño vive en ese desierto de afecto, no tiene a dónde huir físicamente. Su única opción es desconectarse, "irse sin irse", lo que la ciencia llama disociación. Es como el fusible de la luz de tu casa: cuando hay una sobrecarga eléctrica tan fuerte que amenaza con quemar todos los aparatos, el fusible se revienta para proteger el circuito. Esa desconexión te salva la vida en ese momento, pero si no se cura, el cuerpo quedará debilitado en el tiempo y el espacio. En los años 90, en California, una joven bajó 60 kilos en seis meses con un tratamiento médico exitoso. Sin embargo, en solo seis semanas recuperó todo el peso. El Dr. Felitti, creador del famoso estudio de Experiencias Adversas en la Infancia (ACE), la entrevistó y descubrió que un cumplido respetuoso en su trabajo le había recordado el abuso sexual que sufrió de su padre desde los 2 hasta los 17 años. Ella misma admitió: "La obesidad me protege". Cuando los padres no protegen, el síntoma físico se convierte en el protector que la familia no supo ser.
Para sobrevivir en un hogar violento, un niño suele adoptar tres posturas dolorosas que arrastra de adulto: el aislamiento (renunciar a los vínculos para que nadie te vuelva a herir); la complacencia extrema (donde tu vida se vuelve una ofrenda para agradar al otro, borrándote por completo); o el narcisismo (aprender a someter a los demás para que nunca te vuelvan a someter a ti). Por eso, de adultos, la complaciente y el narcisista se buscan: repiten el manual de dolor que aprendieron de niños.
Pero la infancia no tiene que ser destino. Tu cerebro tiene una capacidad enorme de sanar llamada neuroplasticidad, que le permite crear nuevos caminos de paz si le damos el abono correcto. Según la ciencia, el 25% de las personas que viven un evento traumático desarrollan trauma crónico; el otro 75% logra salir adelante. ¿Cuál es la vacuna? Los vínculos sanos. Por ejemplo, cuando la tierra tembló fuerte en Manabí, personas desconocidas en la calle se abrazaron espontáneamente como una necesidad mental de "rebotar" el impacto con otro para calmar el sistema nervioso. Es que no somos seres aislados. Fuimos tribus antes de ser familias, y lo colectivo es nuestro refugio más seguro.
Muchos niños que crecen en hogares devastados por la violencia logran romper la cadena porque a los 5 o 6 años tuvieron una maestra que los hizo sentir especiales, un vecino que los invitó a su mesa, o un amigo que los arropó. Ser visto por una sola persona con amor y respeto puede reescribir por completo la historia de tu vida. Nuestro cerebro está diseñado para sentir la presencia genuina de otra persona y sentirse protegido. Nuestra especie sobrevivió a terremotos, migraciones y guerras gracias a la presencia.
No dejes que los murmullos del pasado te apaguen el alma. El dolor existencial es parte del camino, pero el trauma puede sanar si te atreves a mirarte, a descubrirte y a sostenerte. Desde www.vibramanabi.com vamos a encender juntos ese fuego de relaciones sanas que nos caliente el alma y nos devuelva la alegría de vivir. ¡La infancia no es destino!
