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El Niño no puede ser excusa para cobrar más sin control
Por: Érika Vaca Rodríguez / Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing
Publicado en 12/10/2026 09:20
COLUMNA DE OPINIÓN: PENSÁNDOLO BIEN / ÉRIKA VACA RODRÍGUEZ

El arroz con huevo, una comida sencilla para tantas familias ecuatorianas, también cuesta más. En Guayaquil, el quintal de arroz pasó de 27 dólares en julio a 37,50 en septiembre: un aumento cercano al 39 %. En distintos mercados, la cubeta de treinta huevos alcanza entre 4,50 y 5 dólares. Para un hogar con ingresos limitados, estas diferencias obligan a reducir cantidades o dejar otros productos fuera de la compra. El presupuesto familiar no crece al mismo ritmo que los precios, y la preocupación por El Niño añade incertidumbre a una economía doméstica ya presionada.

Sin embargo, atribuir cada incremento al fenómeno climático impide entender el problema. En el arroz también influyen las exportaciones y la disponibilidad del producto; en los huevos, la oferta y los costos de producción. Las lluvias intensas pueden afectar cultivos, interrumpir carreteras y encarecer transporte, almacenamiento y distribución, pero esos efectos deben comprobarse. A ello pueden sumarse gastos familiares para reparar viviendas, reemplazar enseres o trasladarse por rutas alternativas. Es como una cadena: una dificultad en el campo puede llegar al mercado y finalmente a la mesa, aunque no cualquier aumento quede justificado por mencionar el clima.

La falta de una respuesta de control visible, sostenida y con resultados públicos deja al consumidor sin explicaciones suficientes. Un recorrido ocasional por un mercado no permite conocer cuánto recibe el productor, cuánto cobra el intermediario y qué paga finalmente la familia. Si una tienda aumenta el precio porque su proveedor le vendió más caro, corresponde revisar toda la cadena, sin culpar automáticamente al pequeño comerciante. Las autoridades deben verificar inventarios, contrastar costos y atender denuncias de posibles prácticas especulativas. Cuidar el bolsillo ciudadano exige demostrar qué se revisó, qué irregularidades se encontraron y cómo fueron corregidas.

La reducción anunciada de cuatro centavos por galón de gasolina y diésel tampoco garantiza que bajen todos los productos. En una compra de cincuenta galones representa dos dólares de ahorro, mientras una carga de alimentos incluye salarios, mantenimiento, almacenamiento y otros gastos. Pero tampoco debería darse por inevitable que los precios permanezcan elevados cuando disminuyen costos que sirvieron para justificar sus aumentos. Si el transporte se encarece, esa diferencia suele llegar al comprador; cuando se abarata, corresponde verificar si existe algún traslado del ahorro. Sin seguimiento, el alivio puede quedarse en un tramo de la cadena y no alcanzar al hogar.

La ciudadanía necesita información para distinguir una variación justificada de un cobro abusivo. Una madre que compra menos huevos, un comedor que reduce sus porciones o un agricultor que pierde su cosecha enfrentan consecuencias concretas. Las autoridades deben publicar precios de referencia, fortalecer los canales de denuncia y mantener vigilancia sobre el abastecimiento, sin prometer rebajas automáticas ni desconocer los costos reales de producir. El Niño exige prevención, pero también responsabilidad económica. Su nombre no puede convertirse en una explicación suficiente para cualquier incremento mientras las familias terminan pagando una cuenta que nadie les aclara.

Érika Vaca Rodríguez

Relacionista Pública - Máster en Inbound Marketing

Columnista www.vibramanabi.com

12/10/2026

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