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El Tintín, el duende de Manabí
Publicado en 14/12/2025 16:06
SOMOS ECUADOR
Imagen de Extra.

 La leyenda de El Tintín o el duende de Manabí, a quien se lo describe como un enanito con un gran sombrero que le llega un poco más abajo de las orejas, cabeza grande (30 o 40 centímetros), los pies vueltos hacia atrás y que produce un silbido lúgubre. Persigue y acecha a las mujeres casadas o solteras, “de cabello grande y cejonas”. Y cuando se enamora de una de ellas, sale de los huecos donde vive para ir a visitarla, por las noches.

 

Rosa era una chica sencilla de casa. Cumplía quince años cuando empezó a darse cuenta de que cada vez que miraba para atrás, alguien se escondía rápidamente entre los callejones.

Por las noches ella se despertaba de un brinco, ya que alguien le agarraba las piernas o cualquier parte de su cuerpo. Prendía de inmediato la luz, pero no veía a nadie en su cuarto.

Cierta noche la despertó un extraño silbido interminable. Frente a ella, en el árbol que había afuera por la ventana, vio parado en las ramas a un enano que le tiraba besos y le sonreía. A precipitada carrera fue al cuarto de sus padres a contarles. Su padre salió con un palo afuera de la casa para espantar al intruso, pero no vio nada.

Ella lo describió como un enano viejo horrible con sombrero grande. Sus padres pensaron que era producto de alguna pesadilla. Pero, sin embargo, el enano seguía molestando, en el baño le abría la cortina, abajo de la cama le agarraba la pierna cuando ella se iba a poner las sandalias, cuando regresaba a casa tarde lo veía venir caminando de forma extraña a lo lejos mirándola con esos ojos atemorizantes. Ella gritaba desde su cuarto. Gritaba y lloraba.

- ¡Déjame en paz! Se le escuchaba decir.

Un día fue a casa de su abuela que estaba en un tercer piso, y mientras subía las escaleras, ella escuchaba el silbido desde abajo y al mirar, veía al enano subiendo a brincos por la escalera. Horrorizada, subió a prisa las escaleras llamando a su abuela. Solo para llegar a la puerta y descubrir al enano parado a un lado de esta.

La abuela abrió la puerta al escuchar los gritos y la hizo entrar rápidamente, no sin antes gritar fuerte nuevamente, ya que el ser le agarró las nalgas.

-¿Qué te pasa mija? Dijo su abuela. Y Rosa le contó todo lo que estaba pasando.

Uy mijita, dijo la abuela… -Te está siguiendo el tintín

El duende que se enamora de las chicas de cabello largo, velludas y grandes ojos. Y justamente Rosa tenía estas características.

De inmediato se pusieron a rezar y su abuela le dijo que, si quería que la dejará en paz, la próxima vez ella tenía que armarse de valor y hacer sus necesidades fisiológicas donde ella esté y hacer como si se comiera sus propias heces.

-El tintín es bien asquiento. Y cuando te vea hacer esto, nunca más te volverá a molestar. Y le contó la historia de una prima de ella a la que le sucedió lo mismo y que se libró del enano haciendo este acto que ella le sugirió.

Cierto día Rosa se estaba cambiando de ropa y el silbido nuevamente a sus espaldas. Se le erizó la piel. Sus labios temblaban, y giró despacio para ver nuevamente al tintín parado frente a ella. Y caminando con los pies al revés.

La chica recordó las palabras de su abuela y con el miedo que sentía se hizo sus necesidades en su ropa interior, el duende se quedó paralizado viéndola, y ella metiendo su mano y ensuciando su mano se la mostró e hizo como si la comía.

El enano abrió los ojos más de lo normal y con cara de repudio y asco desapareció en una nube negra, de la cual aún existe la mancha en el piso del cuarto de Rosa.

Efectivamente, El Tintín nunca más volvió a aparecer. Y Rosa descubrió también lo común que era que esta entidad se apareciera desde hace mucho tiempo a todas aquellas chicas de cabello largo, grandes ojos y velludas.

Nunca pudo olvidar, eso sí, el perturbador sonido de aquel silbido sin fin.

 El Tintín

Datos interesantes de El Tintín

Es una leyenda típica de la Costa, propia de la zona montuvia. El folclorista Guido Garay recuerda: “Era la época en que las mujeres no salían a la calle. Y como esto no ocurría, si en una casa una de ellas salía embarazada, la respuesta inmediata de la gente del vecindario era: Es obra de El Tintín”.

Texto original de: https://leyendasdeecuador.com

 

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