Ruth tiene 71 años y todavía le teme a la oscuridad. No es un miedo caprichoso ni nacido de la edad. Es un recuerdo antiguo, anclado en la infancia, cuando en su escuela el castigo más duro no era una mala nota, sino quedarse sola, encerrada por minutos eternos en el cuarto oscuro. A Ruth le tocó más de una vez. Allí, en ese silencio espeso, nació un temor que nunca se apagó.
Desde entonces duerme con la lámpara encendida. Antes, cuando no existían las lámparas recargables, encendía una vela y la dejaba arder hasta el amanecer. La llama, pequeña y frágil, era su escudo contra los fantasmas del pasado.
En 2024, durante los largos apagones nocturnos, las lámparas recargables se convirtieron en su salvación. Esas lámparas portátiles las cargaba durante el día y la acompañaban cuando la luz se iba y la casa quedaba en penumbra.
Este año el Gobierno asegura que no habrá apagones. Otros dicen lo contrario. Ruth escucha, duda y no discute. Solo mantiene su lámpara a mano, como quien guarda una promesa: nunca más volver a quedarse sola en la oscuridad.

Freddy Solórzano
Escritor / Periodista / Editor Diario La Marea de Manta