Desde hace tres años, Pablo no es el mismo. El barrio lo ve pasar como un fantasma que todavía respira: ya no ríe con los amigos de la esquina, apenas sostiene la mirada de su familia y en el trabajo se esconde detrás de un silencio espeso. Los dolores de cabeza lo golpean sin aviso, la ansiedad le oprime el pecho como una mano invisible y, a veces, un grito brota desde lo más hondo, imposible de contener.
Tiene 35 años y su vida se quebró el día en que cuatro motorizados lo acorralaron. Lo raptaron, le hundieron un arma en la boca y le ordenaron que dejara de apoyar a un político que aspiraba a la alcaldía.
Desde entonces, Pablo peregrina de médico en médico, de psicólogo en psicólogo, sin hallar alivio. Hay noches en que el miedo regresa intacto: el sabor del metal, el frío del cañón, la certeza brutal de una muerte inminente. Aquel día no lo mataron, pero algo en él murió para siempre.

Freddy Solórzano
Escritor / Periodista / Editor Diario La Marea de Manta
20/1/2026