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Cómo ganar las elecciones (V): Sobre el algoritmo, la política del metro cuadrado y por qué las masas y los aburridos ya se extinguieron
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 19/08/2026 15:53
CÓMO GANAR LAS ELECCIONES / NÉSTOR ROMERO MENDOZA
Ilustración de IA.

En la nueva política, ser aburrido es estar derrotado. Quien no genera sentimientos ni emoción, simplemente no existe.

La política dejó de hacerse en grandes tarimas, con discursos ideológicos inflamados y banderas que flamean ante multitudes acarreadas en autobuses. Esos mítines ya no representan a la nueva sociedad. De hecho, son fantasmas de un pasado que murió con la llegada del primer smartphone. Por eso, por ejemplo, la inscripción de las candidaturas del movimiento oficialista en Manabí, ADN, en días pasados en Portoviejo, para las elecciones seccionales de noviembre 2026, fue más de lo mismo de siempre, incluido el contradictorio lanzamiento de juegos pirotécnicos al borde de un parque ecológico escogido por aves y otros animales para habitar o reposar. Y lo que empieza mal, puede terminar peor. Hoy, la gente no está en esos lugares esperando a un mesías que les diga qué pensar. La gente está en su sala, en el transporte público, mirando la pantalla de su dispositivo, viviendo una vida fragmentada, hiperconectada y profundamente individualista, más de las veces angustiada.

Para ganar una elección en el siglo XXI, el primer paso es entender que el "pueblo" como masa homogénea ya no existe. La sociedad de la red, conceptualizada por Manuel Castells, ha atomizado a los ciudadanos en micro comunidades con intereses hiper específicos. Dejó de haber esos bloques monolíticos de obreros o agrupaciones que votan por disciplina partidaria-militante. El elector moderno es un consumidor emocional. No busca un programa de gobierno de doscientas páginas. Busca un espejo. Quiere ver en el candidato a alguien que entienda su existencia, su hastío absoluto hacia los políticos de siempre, su miedo a salir a la calle por la violencia, su economía del metro cuadrado cargada por la frustración porque el dinero no alcanza para la pensión escolar o la alimentación de sus hijos o la medicina.

Intentar ganar una campaña con ideologías es ir contra corriente y contra el sentido común de la calle y la gente. La neurociencia y la psicología cognitiva, a través de los estudios de Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía), ya demostraron que el ser humano no toma decisiones de forma racional. El 95% de nuestros procesos mentales ocurren en el Sistema 1: son automáticos, emocionales y subconscientes. El error de los candidatos intelectuales es intentar dialogar con el Sistema 2, el analítico, saturando al elector con cifras macroeconómicas e índices de gobernabilidad. Al votante promedio le importa un bledo el Riesgo País en positivo, por ejemplo; le importa si mañana tendrá empleo y podrá vivir mejor.

La revolución del Big Data y los algoritmos de recomendación cambiaron las reglas del juego. Experiencias como el uso de la microsegmentación psicográfica en las campañas norteamericanas recientes o las estrategias disruptivas en Latinoamérica enseñan que el territorio digital es el nuevo suelo patrio en disputa. Básicamente, el elector no espera a que el político lo visite, aunque puede pasar; pero el político sí debe buscar ocupar el feed de TikTok, Instagram o los grupos de WhatsApp del elector y sin parecer un intruso acartonado. Si intentas meter un discurso tradicional en un video vertical, la gente te da scroll en menos de dos segundos. Te vuelves invisible. En la nueva política, ser aburrido es estar derrotado. Quien no genera sentimientos ni emoción, simplemente no existe.

Lo nuevo. La conversación digital en Ecuador es un reflejo de una sociedad que vive bajo un estado de ansiedad crónica y desconfianza institucional. Al analizar la escucha social y las interacciones en redes sociales, las vibraciones discursivas de los ecuatorianos giran en torno a tres ejes fundamentales:

Inseguridad y supervivencia: No es solo el miedo al robo, hay terror sus manifestaciones como las "vacunas", la violencia narcocriminal y la desprotección en espacios que antes eran cotidianos y familiares. Los usuarios demandan orden, pero expresan un profundo escepticismo ante promesas vacías de "mano dura" que no se terminan dando en la realidad de sus barrios.

Asfixia económica y subempleo: La conversación digital migró de las grandes cifras de desempleo al día a día de la informalidad. Domina el sentimiento de que "la plata no alcanza" debido al costo de la vida. Hay una altísima interacción en contenidos que critican la falta de oportunidades para los jóvenes y la necesidad de migrar del país como única salida viable. De acuerdo con la encuesta de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Ecuador, aproximadamente 1.2 millones de ecuatorianos manifiestan la intención declarada de salir del país. De ese total, cerca del 31% son jóvenes de entre 18 y 29 años. Esto equivale a unos 370,000 jóvenes que están buscando activamente o planeando una salida del país debido a la falta de oportunidades. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) reflejan saldos migratorios profundamente negativos en los últimos años, registrándose incrementos de hasta un 30% en la salida de ciudadanos de entre 18 y 33 años en los periodos de mayor crisis de seguridad y subempleo (donde el subempleo juvenil ronda el 20.4%). Las narrativas de "Migración por falta de empleo", "Éxodo juvenil" e "Historias del Darién/Frontera" superan fácilmente las 2.5 a 4 millones de interacciones mensuales de forma orgánica en el ecosistema digital ecuatoriano (principalmente concentradas en TikTok, Instagram y páginas de Facebook, principalmente de noticias). Un solo video de un joven ecuatoriano en el extranjero contando su experiencia, o un meme irónico sobre "Mi último día en Ecuador antes de irme a España/EE.UU.", promedia entre 50,000 y 300,000 reproducciones en cuestión de días. Su ratio de compartidos es sumamente alto (aproximadamente un 15% de los usuarios que interactúan deciden reenviar el contenido), lo que demuestra que el algoritmo premia el tema porque genera una altísima identificación emocional. En provincias con alta tradición migratoria o fuertemente golpeadas por el desempleo urbano (como Guayas, Manabí, Azuay o Pichincha), el feed de los jóvenes de 18 a 25 años está inundado por esta temática. No es que haya un número fijo de publicaciones, es que el tema se ha vuelto un bucle algorítmico: a mayor frustración, más interacciones; a más interacciones, el sistema muestra más contenido sobre migración. Es el principal síntoma del estado de ánimo del elector joven y aquel candidato que logre canalizar esa frustración digital y ofrecer una alternativa de arraigo creíble, es muy probable que se quede con el voto de esa nueva mayoría.

El hastío del "Efecto Circo": El electorado ecuatoriano muestra un severo rechazo a la confrontación entre partidos. La palabra "corrupción" aparece unida a la impunidad y a la ineficiencia de los servicios públicos básicos. La gente en redes exige soluciones prácticas, no disputas ideológicas entre bandos. Los votantes urbanos están hiperconectados, son escépticos y conocen bien el lenguaje de los medios, por ello detectan fácilmente el teatro político "falso" o demasiado ensayado. En cambio, el votante rural se siente profundamente desconectado de las discusiones políticas que ocurren en X y otras redes sociales; solo quiere ser atendido, soluciones.

Las campañas electorales modernas tienen que priorizar la estrategia, la investigación y la emoción. Ir contracorriente garantiza la derrota electoral. En la era de la hiperconexión y la angustia crónica, el poder no se mide en hectáreas de gentes con banderas, sino en milímetros de empatía, en el metro cuadrado donde el elector, a solas con su teléfono, decide a quién entregarle su última dosis de esperanza.

Néstor Romero Mendoza

CEO de www.vibramanabi.com

Periodista / Asesor de Comunicación Política Estratégica / Consultor Político Independiente

19/8/2026

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