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Elegir tu propia serenidad no te hace mala persona
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 16/09/2026 13:54
COLUMNA: LA ARENGA DEL DÍA / NÉSTOR ROMERO MENDOZA

A veces uno camina por la vida pensando que la existencia tiene que ser como un vendaval que todo lo alborota. Nos acostumbran a creer que la incertidumbre, el "hoy me habla y mañana desaparece", o el andar adivinando señales es síntoma de gran pasión. Pero vivir en alerta permanente es más cansancio que pasión.

Desde la perspectiva de la salud emocional y la respuesta del organismo, el misterio constante y la falta de certezas desgastan el cuerpo. Lo que a los veinte años parece romántico y se siente como "mariposas en el estómago", con el tiempo el cuerpo lo procesa por lo que realmente es: un estado de tensión continua que termina convertido en agotamiento y nudos musculares. La tranquilidad, en cambio, actúa como un bálsamo que nos devuelve la energía y la salud.

El desgaste del caos. Estar pendiente de un mensaje, descifrar qué significa un emoji en una reunión con amigos o vincularse con alguien impredecible que hoy está y mañana no. Esto mantiene al sistema nervioso en un estado de examen continuo. Convivir en un hogar donde siempre hay guerra, sostener una amistad que compite contigo o sentir que debes demostrar tu valor todos los días para no perder el afecto. Levantarse cada mañana con un nudo en el estómago, preguntándose constantemente si la otra persona está enojada o qué se hizo mal para provocar su distancia. Toda esa zozobra cotidiana te va consumiendo la vida.

El verdadero lujo de la calma. La serenidad de vincularse con alguien transparente, que dice "llego a las ocho" y efectivamente llega a las ocho, sin vueltas ni juegos de adivinanzas. Construir amistades donde no existe la competencia, tener una pareja con la que no hay que rendir examen diario, habituar un espacio donde hay armonía y comprender que la estabilidad no es aburrida, sino la mayor conquista de la madurez. Esta elección consciente prioriza la salud física y mental sobre el conflicto.

Así que no le tengas miedo a la tranquilidad. Si alguna vez tienes ganas de resolver acertijos, date el gusto de buscar un juego en el celular o una revista de crucigramas, pero no conviertas tu vida ni tus afectos en un rompecabezas doloroso. Elegir tu propia paz no te hace mala persona ni te vuelve aburrido. Es elegirte a ti para estar bien con los demás, también.

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