A qué suena una película donde una inteligencia artificial valore la posibilidad de salvar, esclavizar o extinguir a la humanidad, solo desde su juzgamiento abstracto. Quizá, algo más que interesante puede surgir si los ejes cruzasen el evidente impacto de la revolución tecnológica en los nuevos tiempos hacia la profundización del existencialismo propiamente humano y los pensamientos intrusivos y rumiantes que alimentan su ambigüedad.
Esto no va de eso. Está disponible en Netflix “Superinteligencia” o “Superintelligence” (2020), que se sugiere como un film de comedia y acción, pero que básicamente nace muerto. Todos los lugares comunes que pudiera haber, abundan en sus 105 minutos, y los que no existen, los inventa para estirar la historia de Carol Peters (Melissa McCarthy) cuya vida común es perturbada tras ser escogida para que sus días sean explorados y verificados por la primera superinteligencia del mundo y que, en base a las ejecutorias de ella, dicha IA redefina el futuro de la especie.
En esta ficción estadounidense, dirigida por Ben Falcone, escrita por Steve Mallory y que cuenta con la participación coprotagónica de James Corden dando voz a la IA, no van a encontrar cuestionamientos a las fronteras invisibles de la relación ciencia-creación, menos aún nociones de responsabilidad sobre aquello. Tampoco encontrarán humor intenso o gran estética. Es una historia cualquiera de un romance cualquiera con la pretensión de instalar una moraleja de cierre. Y allí el alma se infarta.
En promedio, los humanos tenemos entre 6.000 y 6.500 pensamientos diarios, según estudios científicos. En Superinteligencia hay pocos. Hay vacío sin esperanza.

Néstor Romero Mendoza
16/11/2025