Miércoles. Palabra proveniente del latín vulgar Mecüris dies, significa "día de Mercurio", honrando al dios romano de los viajeros, del comercio, de los mercaderes y los ladrones, el mensajero de los dioses y guía de las almas al inframundo; distinguido por su rapidez, con alas en los pies, sombrero alado y un bastón con dos serpientes entrelazadas que encarnan la paz y la diplomacia. En el habla cotidiana ecuatoriana, "día de Miércoles" equivale a que a alguien le pasa un poco de todo.
En este caso, el mío, fue encontrar la película Un día fuera de control o Playdate (2025), puntuando entre lo más visto en Ecuador, en la plataforma Prime Video. Se ofrece como una comedia de acción estrafalaria que arranca cuando Brian (Kevin James) queda desempleado y asume el rol de amo de casa para que su esposa vuelva al mundo laboral. Dentro de su responsabilidad está cuidar a su pequeño hijastro Lucas, con quien sale de distracción al parque y allí conoce a Jeff (Alan Ritchson) y a su hijo. Tras compartir y agradarse, Brian acepta visitar la vivienda de Jeff para pasar el rato. Y acá empieza el caos, cuando un grupo de mercenarios intenta arrebatarle su pequeño a Jeff, el cual en realidad no es su hijo, es su copia genéticamente idéntica. Sí, un clon. En ese trayecto de persecuciones, encuentros y fugaz, por 94 minutos, se generan una serie de ejecutorias ridículas de Brian y Jeff que dan colorido y algo de bochorno que entretiene. Tener hijos es tener miedo para toda la vida.
Tal vez Un día fuera de control, dirigida por Luke Greenfield y con guion de Neil Goldman, no trascienda en el desafío del tiempo para convertirse en una comedia memorable. No. Es más una película que sirve para distraer cuando realmente se quiere gastar el tiempo y dejar que la vida pase. Priorización inconsciente.
Los “críticos cinematográficos profesionales” han sido hasta despiadados con su opinión hiriente y mordaz. Nada nuevo bajo el sol en la cultura de la cancelación.
En tal caso, pasen a verla si se animan. Alguna sonrisa les puede dibujar y más si están en Ecuador, donde sonreír se volvió, a fuerza de voluntad, una expresión de desconexión con la realidad, tantas veces. Finalmente, cada quien emprende las revoluciones que quiere y sana como puede.

Néstor Romero Mendoza
19/11/2025