Hace mucho comprendí que, el país ya no es ese Ecuador en el que el electorado se reducía a una masa, que reaccionaba sin criterio propio. El pueblo cotidiano es un pueblo pensante, uno que sabe relacionar los recursos estatales con su propio bienestar, que entiende que cada elección implica costos económicos y riesgos de seguridad, que evalúa la pertinencia de cada propuesta, según cómo afecta su vida inmediata. Eso explica por qué este resultado debe leerse con seriedad y con humildad institucional. Mi intención es contribuir a que el país avance con estabilidad y que la voz del pueblo, más consciente y más madura, sea escuchada con la seriedad que merece.
Tras conocerse los resultados de la Consulta Popular y Referéndum 2025, el martes 18 de noviembre decidí remitir una carta al Presidente Constitucional de la República, misma que no surgió de un impulso político ni de un interés personal, sino de la responsabilidad que asumo como ciudadana que ha vivido, de primera mano, los procesos de reforma institucional más significativos del Ecuador contemporáneo. Haber sido la asambleísta constituyente más joven de la República, haber ejercido también como asambleísta nacional y hoy cumplir funciones como consejera suplente del Consejo Nacional Electoral y consejera del Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades, me permite mirar la coyuntura, con una distancia analítica que no responde a banderas partidistas, sino a una ética pública que me obliga a intervenir cuando siento que el país necesita reencontrar claridad, en medio de la turbulencia política.
La carta que envié, firmada electrónicamente y registrada oficialmente, mediante Gestión Documental de la Presidencia de la República, no pretende alimentar el discurso de quienes encuentran en cada coyuntura, una oportunidad para golpear al Gobierno. De hecho, rechazo profundamente esa instrumentalización que algunos sectores suelen hacer del descontento ciudadano. Mi lectura es distinta y nace desde otro lugar, desde la convicción de que el resultado del dieciséis de noviembre de dos mil veinticinco, no fue un rechazo al Ejecutivo, sino un mensaje ordenado, prudente y profundamente ciudadano, sobre lo que realmente importa en este momento histórico. No fue un no de cierre; fue un no que orienta, guía y propone.
Hace mucho comprendí que, el país ya no es ese Ecuador en el que el electorado se reducía a una masa, que reaccionaba sin criterio propio. El pueblo cotidiano es un pueblo pensante, uno que sabe relacionar los recursos estatales con su propio bienestar, que entiende que cada elección implica costos económicos y riesgos de seguridad, que evalúa la pertinencia de cada propuesta, según cómo afecta su vida inmediata. Eso explica por qué este resultado debe leerse con seriedad y con humildad institucional. No es un condicionamiento político hacia el Gobierno, sino un caldero social que avisa en qué dirección debe alinearse la agenda pública.
La carta que remití al Presidente tiene ese objetivo, dejar constancia de que, aun cuando quienes participamos en política, lo hicimos necesariamente bajo el paraguas de un partido o movimiento, porque así lo exige la ley, nuestra identidad más profunda es la de ciudadanos que representamos voces reales. En mi caso, representé a miles de mujeres, a miles de jóvenes, y particularmente a miles de personas con discapacidad. Y si sumamos todo ello, se trató de la voz de las mujeres jóvenes con discapacidad, que buscaban un Ecuador que las reconociera como sujetas plenas de derechos. Ese fue el corazón de mi trabajo constituyente, y ese compromiso nunca ha cambiado.
Entiendo perfectamente que algunos actores políticos intentarán utilizar este “no” como una oportunidad para desgastar al Gobierno, y precisamente por ello era indispensable que una voz independiente y con experiencia constitucional, explicara lo que realmente veo en este momento, un mensaje ciudadano que no confronta, sino que orienta. El pueblo ecuatoriano no rechazó la institucionalidad, ni rechazó al Presidente; lo que rechazó fue la desconexión entre lo que se le preguntó y lo que vive cada día. Esa diferencia no debe tomarse como una afrenta, sino como un insumo para la gobernabilidad.
Por eso, envié la carta: para aportar desde mi experiencia, extender una mano técnica, ofrecer una lectura ética de la coyuntura, recordar que ninguna agenda macro sirve si no se funda en las necesidades micro del país real, y decirle al Estado que la ciudadanía votó con discernimiento, y para recalcar que este es un momento para alinear prioridades, no para fracturar el ambiente político.
Mi intención es contribuir a que el país avance con estabilidad y que la voz del pueblo, más consciente y más madura, sea escuchada con la seriedad que merece.

María Cristina Kronfle Gómez - @mckronfle
Abogada y Activista
Columnista www.vibramanabi.com
19/11/2025