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Whiplash: Música y obsesión
Por: Néstor Romero Mendoza
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 22/12/2025 16:18 • Actualizado 22/12/2025 16:30
SIN FILTRO / PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

 

Adentrarse en el cerebro humano y sus impredecibles comportamientos es posible a través del arte, en general; el cine, en específico. La búsqueda de la perfección y los límites del sacrificio personal, por ejemplo, son revisados en la cinta Whiplash: Música y obsesión (2014), drama dirigido por Damien Chazelle, que trasforma a la música en un arma dentro del campo de batalla de la cotidianidad y a la excelencia y armonía como destino aceptable.

Pero Whiplash no es, ni de cerca, una película musical simplona, ni de música. Es, fundamentalmente, un thriller psicológico sobre la voluntad humana y el costo de la trascendencia reflejados en la relación intensa y agobiante que sostienen el estudiante Andrew Neiman (Miles Teller), ambicioso baterista de jazz, y el instructor implacable y hasta abusivo de un prestigioso conservatorio, Terence Fletcher (J. K. Simmons). A partir de este vínculo surgen consignas radicales: ¿Vale la pena vivir una vida mediocre? Así, Andrew no busca la felicidad en el arte, busca la eternidad. Para él, la existencia solo cobra sentido si logra escapar del anonimato y normalidad de la "gente común". Y, entonces, los diálogos, encuentros y desencuentros entre Andrew y Terence no son de maestro-alumno tradicionales, sino de martillo y yunque. Explosión permanente. Pues para Fletcher su sentido de vida es catalizar el potencial humano que se resigna al consuelo de un "buen trabajo". Mediocridad. “Normal” mediocridad. Que solo puede ser rota por un genio que se construye extrayendo aprendizaje y propósito de sus fracasos y lo cotidiano. Pues ese genio no nace, sino que se despoja de la naturaleza humana uniforme y colaborativa, para vivir una disciplina de precisión absoluta y aislamiento social voluntario. La gloria justificará su paso por el mundo.

Whiplash es de esas películas distintas y memorables pues la calidad de la trama y personajes van juntos a la par, a nivel. Su banda sonora, liderada por composiciones como "Whiplash" de Hank Levy y "Caravan" de Juan Tizol, no acompaña las escenas, las determina. Frenetismo. Competencia de resistencia dentro de obsesiones que se sienten como túnel. No hay distracción ni subhistorias románticas que enreden y roben tiempo a la cruzada final, donde las miradas, los redobles, la armonía y el orden se imponen en un éxtasis artístico.

Whiplash es una obra maestra que se disfruta. No ofrece moraleja, incomoda. No aplaude el abuso, pero sí jerarquiza el rigor y la disciplina individual como camino hacia la excelencia sobrehumana, con triunfos y derrotas, en contra del conformismo. Y ahí, triunfa el arte y muere el humano común.

 Whiplash (2014) - Filmaffinity

Dedicatoria

A Pablo Andrés Posligua, uno de los grandes y permanentes lectores de www.vibramanabi.com. Su lucidez se convierte en letras e ideas libres que deja visibles en los comentarios que realiza a los diferentes artículos de nuestra plataforma de pensamiento. Así, por ejemplo, recomendó a nuestra columna, Sin Filtro, sobre cine, serie y documentales, que revisemos la película Whiplash. Pablo Andres, gracias. Hay que atreverse a pensar diferente, siempre, pues donde todos creen y piensan igual, nada nuevo puede nacer.

 

Néstor Romero Mendoza

CEO www.vibramanabi.com

22/12/2025 - nestorromeromendoza@vibramanabi.com

 

 

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