En estos tiempos es muy común hablar de depresión, estrés y ansiedad, como las principales enfermedades emocionales que nos están afectando como sociedad y a las que no les prestamos la atención necesaria, adecuada ni oportuna.
El ser humano y su inframundo de tres reinos, que rara vez logra gobernarlos con acierto y en paz. Nuestra mente es una viajera incansable, pero el problema radica en esa extraña costumbre de estancarse en ciertos momentos específicos de nuestras vidas y exiliarse en historias que ya se escribieron o en mapas que aún no se han dibujado. A eso lo llamamos excesos. Estas fugas permanentes de la psique tienen nombres que la ciencia conceptualiza, pero que el alma siente como prisiones.
1. La obsesión y el miedo por el Mañana: Ansiedad
En este lado se encuentran los centinelas del horizonte: aquellos que padecen de exceso de futuro. La ansiedad es el ruido de una tormenta que aún no llega, pero que ya nos empapa.
Es el miedo a lo invisible, la angustia por el "qué pasará" y la sed de controlar el tiempo para que no llegue. Quien sufre de ansiedad no vive, espera. Espera que algo malo suceda o que algo bueno, finalmente, llegue para poder descansar. Pero el futuro es un espejismo: cuando llegas a él, se convierte en presente y la mente ansiosa ya se ha mudado al siguiente mañana. Es una carrera contra una sombra que siempre corre más rápido que nosotros.
2. El peso del Ahora: Estrés
Muchas veces, no huimos del tiempo, sino que nos estrellamos contra él, nos estancamos en él. El estrés es el exceso de un presente que se nos ha quedado pequeño. Es la sensación de que el "ahora" es una habitación que se encoge, llena de demandas, ruidos y urgencias que no nos dejan espacio para ser.
En este estado, el presente no es un regalo, es una emboscada. No hay tiempo para contemplar, solo para reaccionar. El cuerpo se convierte en un arco tensado al máximo que ha olvidado cómo soltar la flecha.
3. La prisión del Ayer: Depresión
A este punto quiero dedicarle un lugar especial para el análisis. Hay quienes caminan con los ojos fijos en el retrovisor de la vida. A este estado lo llamamos exceso de pasado. Es la creencia de que lo mejor ya ocurrió o que el dolor de lo perdido es la única brújula posible.
En este reino, la emoción se vuelve melancolía, un tinte gris que lo baña todo. La depresión es el peso de las anclas que no permiten que el barco avance. Es vivir en el "si tan solo hubiera...", habitando una casa que ya está en ruinas. Quien vive en el pasado, muere un poco en el presente, porque intenta respirar un aire que ya se desvaneció.
Cuando hablamos de depresión pensamos en tristeza y no siempre es así, podemos ver a alguien que ríe a todo momento, aquellos que son el alma de las fiestas. La “depresión funcional” es cuando la persona lleva una vida plena y es casi imposible advertir lo mal que se puede estar.
El arte de habitar el "Aquí"
Expertos señalan que la salud emocional no es la ausencia de recuerdos ni la falta de planes. Es, sencillamente, la capacidad de regresar.
- Sanar el pasado es convertir el lamento en memoria agradecida.
- Sanar el futuro es convertir el miedo en esperanza serena.
- Sanar el presente es convertir el esfuerzo en presencia consciente.
Al final, la paz no se encuentra en el tiempo, sino en el silencio que hay entre un segundo y otro. La vida solo sucede en el presente, ese estrecho y luminoso puente donde el pasado se despide y el futuro nos saluda sin pedirnos nada a cambio.

En Portoviejo, Una de las personas que durante varios años ha venido trabajando en una lucha sin tregua contra las sombras de la depresión y las enfermedades mentales, en general, es Gustavo Pisco. Su lucha comienza allá por el año 1995, a través de la fundación “Genesis”, pero es por el año 2012, manifiesta, que preocupados por personajes reconocidos de las calles portovejenses como “Rambo” y “Valla… no Valla”, que fueron la principal motivación que dio origen a este proyecto que ha venido tomando forma, hasta llegar a ser lo que es hoy y consiste en un trabajo comunitario en la prevención al suicidio “Dale like a tu vida”.
Gustavo expresa que la experiencia que le han dado los años lo han convertido en un “Psicólogo Social” y está convencido que Dios es quien le ha sostenido hasta obtener los resultados que ahora, paso a paso, se van plasmando pese a la falta de recursos y financiamientos, además del desinterés de las autoridades.

El aporte desde la Fundación Genesis ha sido fundamental en la elaboración de La “Ley Orgánica de la Salud Mental” y de la ordenanza en el GAD del cantón Sucre, que permite un programa de asistencia social para la prevención. En Santa Martha – Colombia recibió un reconocimiento por los 30 años de la Fundación Genesis y su lucha. Y la Asamblea Nacional del Ecuador le entrego la condecoración Vicente Rocafuerte, el más grande galardón que se entregan a personas e instituciones por su significativo aporte a la patria en diferentes campos.
Para Gustavo “no existe una buena sociedad si no existe una buena salud mental”. Para ello es necesario que todos los municipios tengan su ordenanza que les permita destinar recursos para trabajar en prevención y su sueño de construir, si no un Hospital, al menos un Centro de Salud Mental para la provincia de Manabí.

Néxar Rodríguez Vélez
Activista social - nexarrodriguezvelez@gmail.com
Columnista www.vibramanabi.com
30/12/2025