Offline
Ecuador, más allá del Correísmo y el Anticorreísmo
Por: Néxar Rodríguez Vélez
Publicado en 28/01/2026 10:01
Néxar Rodríguez

 Ecuador, hoy, en el laberinto de los espejos rotos. No es un país, es un “eco de montaña”. Caminamos sobre una tierra que gime bajo el peso de una memoria fragmentada y donde el horizonte se ha estrechado hasta convertirse en una línea divisoria: un abismo que separa dos orillas que se necesitan para odiarse, pero que se niegan para existir.

 

Vivimos atrapados en la bipolaridad de un péndulo estancado. De un lado, la nostalgia de un pasado que se aferra a un solo hombre, a un solo nombre; del otro, un rechazo a ese nombre, que lo erige como única bandera de identidad, porque no tiene horizonte propio, su horizonte es estar en contra “de”. El Correísmo y el Anticorreísmo, lejos de ser posturas ideológicas, se han transformado en dogmas de fe, en trincheras de cemento desde donde se lanzan piedras de desprecio mientras la casa común se incendia.

Esta dicotomía se alimenta de una savia amarga: el odio. Un sentimiento que se cultiva en los surcos de la desinformación, donde la verdad ya no importa tanto como el golpe que se le pueda asestar al "enemigo". En este escenario, la política no es el arte de lo posible, sino la coreografía de la aniquilación mutua.

Lo más doloroso, quizás, es el vacío donde antes latía con fluidez la palabra libre. Los medios de comunicación, cuya esencia debería ser la luz que rasga e investiga al poder, parecen haber extraviado su brújula. Una gran mayoría de aquellos que deberían seguir la pista e informar con la transparencia del cristal, se han convertido en cajas de resonancia de un libreto ajeno.

Se repiten consignas visiblemente construidas a conveniencia y acomodo. El periodismo, que debería ser el contrapoder por excelencia, se ha vuelto en muchos casos una extensión del poder mismo, un coro afinado que lee una partitura redactada en los despachos oficiales. En este teatro de sombras, el ciudadano camina a tientas, sediento de una verdad que no encuentra; y, por el contrario, se topa con mentiras o medias verdades.

Es hora de un llamado a la reconstrucción porque, mientras el ruido de la disputa ensordece, la Patria se nos desliza como agua entre los dedos. Ecuador se hunde a pedazos —no por falta de recursos o de espíritu— sino por la inconexión de su convivencia y es esta la condición perfecta que aprovechan las aves de rapiña para festinarse las múltiples riquezas ecuatorianas. Estamos estancados en el lodo de una guerra fría, doméstica, que nos impide ver que la injusticia, el hambre, la inseguridad y la falta de futuro no distinguen de banderas político-militantes.

Es la hora de romper los espejos rotos. Es imperativo salir de este letargo de bandos para reconocernos en el rostro del vecino. La reconstrucción de la Patria no vendrá de un líder mesiánico ni del exterminio del oponente, sino de la voluntad valiente de ser partícipes de un destino común.

Debemos dejar de ser espectadores del naufragio y convertirnos en los arquitectos de un nuevo suelo. Solo, cuando la palabra vuelva a ser puente y no muro, cuando la información recupere su integridad y el odio sea sustituido por una crítica constructiva, solo entonces podremos decir que Ecuador ha vuelto a nacer.

Para trascender la dicotomía mencionada, la salida no es solo un cambio de nombres, sino una mutación profunda en la arquitectura del poder y el ejercicio pleno de la ciudadanía, como factor clave de este cambio requerido. La política en Ecuador ha sido personalizada hasta el delirio; la solución radica más allá de institucionalizar la democracia, sino en HUMANIZAR la DEMOCRACIA y desterrar el caudillismo.

Es urgente visualizar y construir Un Tercer Espacio. Una coalición de propósitos comunes, sin odios. La salida política requiere la formación de una real concertación nacional. No se trata de una "tercera vía" tibia, sino de un bloque que estimule a ambas facciones a sentarse a trabajar sobre temas hasta ahora innegociables, como la construcción una Agenda de Estado que priorice 5 ejes claves para el desarrollo del país: Seguridad, Justicia, Producción/Empleo, Educación y Salud, mismos que no cambien cada vez que se elige a otro Presidente.

Debemos ser una ciudadanía activa, pasar de meros consumidores de información a auditores de las cosas que pasan. La salida política definitiva es la recuperación del “debate técnico” por sobre el emocional. Mientras sigamos discutiendo si "el uno robó más que el otro", no estamos luchando en cómo mejorar integralmente el sistema para que nadie robe. Tal vez, el primer paso para reconstruir Ecuador es aceptar que el "otro", el que piensa distinto, también es parte de la solución y no una enfermedad que debe ser erradicada. La Patria no es un campo de batalla, es el hogar que debemos barrer entre todos, antes de que las cenizas, lo cubran por completo.

 

Néxar Rodríguez Vélez

Activista social - nexarrodriguezvelez@gmail.com

Columnista www.vibramanabi.com

28/1/2026

 

 

Comentarios
¡Comentario enviado exitosamente!

Chat Online