La defensa de los derechos de la niñez no es tarea de un grupo u organización, sino un compromiso colectivo. Todos, desde nuestros distintos espacios, tenemos la responsabilidad de velar por el bienestar de niñas, niños y adolescentes. Involucrarnos, tomar medidas, exigir y apoyar iniciativas que busquen mejorar la educación, la salud, el bienestar y su protección integral. Con empatía, perseverancia, articulación interinstitucional, especialización, compromiso y convicción.
Agradezco la gentil invitación de un buen amigo para aportar desde este importante espacio, el cual ha sido creado con la esperanza de mejores días para la bella provincia de Manabí. Escribir estas líneas de reflexión y compromiso nacen del deber que siento de compartir mi visión sobre la defensa de los derechos de la niñez en nuestro país y en especial en la provincia de Manabí, una tierra productiva que avanza día a día, pero también que enfrenta muchos desafíos con relación a la protección integral de la niñez y adolescencia.
Mi motivación surge de más de una década de trabajo en la defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes cuyas historias me han marcado, y del deseo constante de que, como Estado, sociedad y familias, nos reconozcamos como corresponsables en el deber de proteger y garantizar sus derechos, tal como lo ordena nuestra Constitución.
He colaborado con esta causa desde distintos espacios, recorriendo varios lugares de nuestro país. En cada sitio, he aprendido que defender a una niña, un niño o un adolescente va mucho más allá de protegerlos del daño; implica garantizar que tengan acceso a educación de calidad, atención médica integral, servicios básicos, agua potable, espacios de esparcimiento y entornos seguros donde crecer y desarrollarse.
He visto sus rostros llenos de curiosidad y alegría, pero también he escuchado relatos de carencias, violencia, pobreza, crueldad y falta de oportunidades. Esta realidad me ha enseñado que el trabajo por la niñez requiere empatía, perseverancia, articulación interinstitucional, especialización, compromiso y convicción.
De acuerdo a cifras del Censo realizado en el año 2022, Manabí tiene 1’596389 habitantes, de los cuales el 33% son niñas, niños y adolescentes. El 9.57% de niñas y niños menores de 12 años se encuentra en Manabí. La niñez manabita enfrenta retos significativos. Si bien, la educación ha avanzado en cobertura, aún existen importantes brechas en calidad y acceso, especialmente en sectores rurales y comunidades afectadas por la pobreza y marginación. Muchas niñas y niños asisten a escuelas en condiciones precarias, sin infraestructura adecuada y sin los requerimientos mínimos para una educación de calidad. De otro lado, la tasa de niñas, niños y adolescentes manabitas, fuera del sistema educativo es preocupante, así, el 52.4% de niñas y niños menores de 4 años no asisten a centros de educación inicial, el 2% de niñas y niños entre 5 a 11 años, no asisten al sistema educativo, esto se va incrementando con el aumento de rango etario, así el 4% de adolescentes entre 12 y 14 años no asiste a la escuela y el 14.8 de los adolescentes entre 15 a 17 años se encuentra fuera del sistema educativo.
La principal razón por la que adolescentes de 12 a 17 años se encuentran fuera del sistema educativo es por falta de recursos económicos con un 35.7%, seguido por la falta de interés con un 20.1%. Asimismo, la tasa de rezago escolar en bachillerato escolar en la provincia de Manabí es del 19.2%. No podemos cerrar los ojos ante esta realidad, la pobreza no debe ser un impedimento para su aprendizaje, la educación debe ser universal y el Estado debe garantizarlo. De otro lado, se debe investigar con ahondamiento para entender que esta pasando en el país para que aumente con los años ese desinterés por prepararse.
La salud infantil también es un tema urgente, existen muchas dificultades en el acceso a atención médica integral, por un sistema de salud con falencias que no cuenta con los insumos, medicinas e infraestructura adecuada. Asimismo, la tasa de desnutrición crónica infantil en niñas y niños menores de 2 años es del 23.2%, en niñas y niños menores de 5 años es del 17.7% y la de sobrepeso y obesidad es alta con un 33.8%. La falta de prevención, de cuidados, de atención integral, la pobreza y la ausencia de una alimentación adecuada limitan las oportunidades de la niñez y adolescencia manabita. Todo esto se agrava cuando la familia enfrenta situaciones de desempleo o inseguridad, en estos contextos se incrementa la violencia, el maltrato y los abusos, factores que repercuten directamente en el bienestar de niñas, niños y adolescentes.
La defensa de los derechos de la niñez no es tarea de un grupo u organización, sino un compromiso colectivo. Todos, desde nuestros distintos espacios, tenemos la responsabilidad de velar por el bienestar de niñas, niños y adolescentes.
Las familias deben ser un entorno seguro para ellos, si bien necesitan apoyo y orientación, deben ser partícipes de una crianza positiva y un espacio que garantice sus derechos. Las organizaciones sociales, educativas y comunitarias deben cumplir un rol fundamental en la promoción de políticas, programas y proyectos que prioricen a la niñez.
La Función Ejecutiva, por su parte, debe asumir su rol de garante de sus derechos, asegurando asignación de recursos para las políticas públicas orientadas a la protección integral de niñas, niños y adolescentes las cuales deben ser estatales no del gobierno de turno. La Función Legislativa debe desarrollar leyes y acciones de fiscalización efectivas que protejan, garanticen, desarrollen y promuevan los derechos de la niñez. Asimismo, es indispensable que los gobiernos locales y nacionales trabajen con una articulación interinstitucional e intersectorial de forma organizada en beneficio de la infancia, asignando recursos, implementando políticas en el marco de sus competencias, integrando a las organizaciones sociales y garantizando la participación activa de niñas, niños y adolescentes. La Función Judicial tiene la obligación de brindar una tutela judicial efectiva, sancionar a los agresores y garantizar una reparación integral a niñas, niños y adolescentes víctimas.
Solo así podremos avanzar hacia un Manabí y un Ecuador donde cada niña, niño y adolescente tenga la oportunidad de vivir plenamente y cumplir su proyecto de vida.
Los desafíos que enfrenta la niñez manabita y la niñez ecuatoriana en general, requieren de nuestra acción decidida, de la capacidad de aunar esfuerzos y de la exigencia inmediata al Estado a cumplir con su rol. Debemos involucrarnos, tomar medidas, exigir y apoyar iniciativas que busquen mejorar la educación, la salud, el bienestar y su protección integral.
Exhorto a que reflexionemos sobre como actuamos con las niñas, los niños y los adolescentes que nos rodean, los invito a que recordemos cómo fueron nuestras infancias y cómo actuaron los que nos rodeaban. Si en esos recuerdos hubo violencia debemos romper ese círculo vicioso. Y, si en cambio, hubo cuidado, cariño y apoyo debemos replicarlo en aquellas tiernas miradas que esperan mucho de nosotros. Finalmente, les invito a cuestionarnos si cumplimos nuestro rol como garantes de sus derechos y cuál es nuestro papel en esta causa. Cambiemos su realidad de dolor, violencia, olvido y abandono por una donde cada niña, niño y adolescente pueda soñar y alcanzar su máximo potencial.

Doris Andrea Moreno
Abogada. Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política y Especialista en Gestión de Gobierno y Campañas Electorales por la Universidad Camilo José Cela de Madrid.
Columnista www.vibramanabi.com
1/1/2026