Quien dirige una empresa en Ecuador, sabe que las decisiones no se toman desde la comodidad. El margen de error es estrecho, los recursos se cuidan con rigor y cada equivocación deja huella. Desde esa realidad concreta, observar cómo han crecido las economías más fuertes del mundo, es un ejercicio académico distante y una necesidad práctica. La pregunta relevante es cómo organizaron el trabajo para sostener resultados sin desgastarse en el camino.
Las economías que hoy lideran el ranking mundial, medido por PIB nominal, según el Fondo Monetario Internacional no alcanzaron esa posición únicamente por tamaño de mercado o acumulación de capital. Países como Alemania, Japón, Reino Unido, Francia, Canadá, Países Bajos o Suecia, comparten una decisión estructural determinante, humanizar la empresa desde reglas claras, exigencia coherente y sistemas organizacionales que cuidan sin debilitar el diseño institucional aplicado al mundo productivo.
En estos contextos, el cuidado de las personas no adopta la forma de concesiones emocionales, ni de beneficios sin sustento. Se expresa en procesos definidos, roles claros, evaluaciones explícitas y decisiones previsibles. Esa claridad reduce fricción interna, disminuye el error operativo y libera energía para lo esencial, producir valor. La exigencia es alta, pero está ordenada. Esa combinación ha demostrado ser más eficiente que la presión improvisada y más sostenible que el desgaste silencioso; esta lógica resulta especialmente comprensible para quienes hacen empresa en Ecuador, donde no existen economías de escala que absorban errores sistemáticos, ni estructuras gigantes que diluyan el impacto del mal diseño organizacional.
En Ecuador, cada rotación innecesaria, conflicto mal gestionado y decisión tomada sin criterio, tiene un costo visible y tangible. Por eso, integrar exigencia, estructura y cuidado es una postura ética y condición de competitividad concreta. La teoría organizacional lleva décadas respaldando esta práctica. Douglas McGregor mostró que las organizaciones que parten de una visión adulta de las personas, activan responsabilidad y compromiso; por su parte, Peter Drucker fue aún más preciso al señalar que el management existe para hacer productivas a las personas, no para desgastarlas. Estas ideas se tradujeron en sistemas empresariales, que hoy sostienen a las economías más estables del planeta.
Desde la economía, Amartya Sen aportó una clave que estas sociedades incorporaron al mundo del trabajo, el desarrollo se sostiene cuando las personas pueden ejercer su capacidad de decisión, dentro de estructuras que lo permiten. En la empresa, esto implica diseñar organizaciones donde la meta profesional tenga dirección, límites claros y sentido. Cuando ese equilibrio se logra, la exigencia se convierte en orientación.
Este enfoque explica también por qué las economías líderes integraron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como criterios de gestión y competitividad. Trabajo decente, bienestar y organizaciones sólidas, no funcionan como consignas, sino como prácticas que reducen costos ocultos, fortalecen la continuidad operativa y mejoran la calidad de las decisiones. La sostenibilidad, entendida así, nace dentro de la empresa antes de proyectarse hacia afuera.
Para Ecuador, esta experiencia internacional no constituye un espejo inalcanzable, sino una trayectoria comparable. Aunque el país no se ubica entre las economías más grandes del mundo, comparte con ellas una necesidad central, construir crecimiento sostenible en contextos complejos y con márgenes limitados. En ese escenario, la eficiencia organizacional, estabilidad del talento y la reducción del desgaste humano se convierten en ventajas competitivas.
El desafío de Ecuador se encuentra en el volumen, calidad de decisiones, coherencia, capacidad de adaptación y en inteligencia organizacional. Seguir la ruta de un empresariado que integra humanidad y exigencia coloca al país en una lógica subordinada a la anticipación estratégica, especialmente valiosa para economías que no pueden permitirse errores prolongados.
Las economías más fuertes del mundo demostraron que humanizar la empresa fortalece la competitividad, porque ordena la exigencia y le da sentido al trabajo. Para Ecuador, asumir esta ruta representa una oportunidad concreta de construir preponderancia económica con calidad humana, alineada con los estándares que hoy sostienen el liderazgo global, en un entorno donde todavía se confunde dureza con eficacia, y cuidado con debilidad, comprender esta ecuación puede marcar la diferencia entre empresas que avanzan y aquellas que se estancan en modelos obsoletos.

Erick Lasso
Ingeniero en Administración de Empresas y Máster en Gestión Estratégica y Alta Dirección
Gerente General de KLASS ASESORES - @klassasesores
Columnista www.vibramanabi.com
31/1/2026