Hablar de emprendimiento en el país exige más seriedad que la habitual. No basta con celebrar al emprendedor en ferias productivas, campañas institucionales o publicaciones optimistas sobre “salir adelante”, mientras se lo deja solo frente al costo de producir, vender, formalizarse, sostener una familia y competir en un mercado que no perdona errores... Quedarse también debe permitir pagar cuentas, criar hijos, estudiar, invertir, descansar y proyectar vida. En tiempos donde irse parece muchas veces la respuesta más racional, hacer que quedarse sea viable debería convertirse en una prioridad nacional.

Ecuador se ha acostumbrado demasiado a despedir a su gente. La migración dejó de ser una excepción familiar y pasó a formar parte de la conversación cotidiana de miles de hogares que calculan, con angustia y pragmatismo, si todavía tiene sentido quedarse cuando el trabajo no alcanza, el ingreso no permite planificar y las oportunidades parecen existir siempre en otra parte.
Por eso, hablar de emprendimiento en el país exige más seriedad que la habitual. No basta con celebrar al emprendedor en ferias productivas, campañas institucionales o publicaciones optimistas sobre “salir adelante”, mientras se lo deja solo frente al costo de producir, vender, formalizarse, sostener una familia y competir en un mercado que no perdona errores.
En un país marcado por empleo inestable, subempleo, informalidad y baja confianza en el futuro, emprender puede ser una forma concreta de permanencia, siempre que deje de operar como actividad eventual y pase a organizarse como unidad económica con método, mercado y posibilidad real de generar ingresos.
La salida del país rara vez nace de una supuesta falta de arraigo; muchas veces surge del agotamiento de intentar construir vida dentro de un sistema que ofrece trabajo sin estabilidad, ingresos sin proyección y esfuerzo sin movilidad social. Una persona puede aparecer con ocupación en las estadísticas y, al mismo tiempo, vivir en precariedad; puede trabajar todos los días y no cubrir sus gastos básicos; puede tener habilidades, disciplina y voluntad, pero carecer de una estructura económica que le permita convertir ese esfuerzo en vivienda, educación, salud, ahorro o descanso. Allí se instala la presión migratoria, en esa distancia entre trabajar y poder vivir de ese trabajo.
Desde esa realidad, el emprendimiento ecuatoriano debe entenderse como una respuesta social, frente a la fragilidad del empleo y no únicamente como una actividad comercial aislada. Una mujer que vende alimentos desde su casa, un joven que ofrece servicios digitales, una familia que transforma una receta en marca, una persona con oficio que intenta independizarse o un profesional que empieza a vender conocimiento, no realiza solamente una transacción económica; busca autonomía en un entorno donde el empleo formal no siempre aparece, el crédito suele ser limitado, la protección social es insuficiente y muchas veces la familia completa depende de ingresos inestables.
El problema surge cuando ese esfuerzo queda atrapado en la eventualidad, dependiendo de temporadas, recomendaciones ocasionales, publicaciones sin estrategia o ventas sin cálculo real de costos. Entonces el emprendimiento se convierte en una extensión de la precariedad bajo apariencia de independencia, la gente emprende porque necesita generar ingreso, pero no siempre cuenta con herramientas para convertir ese ingreso eventual en flujo constante; por eso el marketing estratégico no puede entenderse como publicidad superficial, ni como manejo de redes sociales, sino como una metodología para ordenar el negocio, definir qué se vende, a quién se vende, cuánto cuesta producir, cuánto se debe cobrar, qué canal conviene utilizar y cómo una venta aislada puede transformarse en relación comercial recurrente.
La importancia de los emprendimientos para Ecuador está en su capacidad de mover microeconomías desde la vida diaria. Un negocio pequeño que vende con regularidad paga transporte, compra insumos, contrata servicios, activa proveedores, mantiene hogares y permite que el dinero circule dentro de su propio territorio. Esa dinámica, multiplicada por miles de unidades productivas, fortalece el consumo interno, abre posibilidades de formalización, mejora la recaudación y reduce la dependencia exclusiva del empleo público o privado tradicional. El país se construye también desde la tienda de la esquina, el taller, la cocina, la asesoría profesional, el servicio local y el negocio familiar que logra ordenarse, vender mejor, calcular sus márgenes y permanecer.
Una política seria de impulso a emprendimientos, tendría que mirar con especial atención a jóvenes, mujeres, personas subempleadas, hogares receptores de remesas, personas con discapacidad, familias en territorios con pocas fuentes de empleo dependiente y trabajadores que poseen oficio, experiencia o conocimiento, pero no han logrado insertarse en condiciones laborales adecuadas. Esa población ya está produciendo, intentando resolver y generando ingresos con los recursos que tiene a mano; lo que falta es acompañamiento técnico, educación financiera, estrategia comercial, formalización gradual y acceso real a mercados.
Contener la presión migratoria no significa pedirle a la gente que se quede por patriotismo, mientras su economía familiar se deteriora; significa crear condiciones materiales para que quedarse sea una decisión posible y no una renuncia al futuro. Cada emprendimiento que madura, factura, conserva clientes y genera ingreso mensual, reduce una presión familiar de salida; cada negocio que supera la informalidad, fortalece un hogar, un barrio y una economía local.
Ecuador seguirá recibiendo remesas, y esas remesas seguirán siendo importantes para miles de familias, pero un país no puede acostumbrarse a que parte de su estabilidad dependa de la salida de su propia gente. Quedarse también debe permitir pagar cuentas, criar hijos, estudiar, invertir, descansar y proyectar vida. En tiempos donde irse parece muchas veces la respuesta más racional, hacer que quedarse sea viable debería convertirse en una prioridad nacional.

María Cristina Kronfle Gómez - @mckronfle
Abogada / Máster en Administración Pública / Activista
Columnista www.vibramanabi.com
5/5/2026