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Vibra & La arenga del día | Vencer el miedo
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 29/07/2026 16:05
COLUMNA: LA ARENGA DEL DÍA / NÉSTOR ROMERO MENDOZA

Dicen los que saben, y con los números por delante, que andamos más perdidos que un alma en pena en el parque. Nunca tuvimos tanta ciencia, tanto libro de remedios para el alma, y, sin embargo, nunca tuvimos el corazón tan apretado por la ansiedad. Es una cosa seria: la Organización Mundial de la Salud dice que el 4.4% de la gente en este mundo, unos 350 millones de personas, cargan con el trastorno de la ansiedad como si fuera un bulto de piedras. La cosa es que nos acostumbramos al camino corto, al que no duele, y un buen día despertamos y la vida no se parece en nada a lo que uno quería.

Nos pasamos la vida huyendo del oso, pero el problema es que ahora el oso no tiene garras de animal, sino que es un mensaje que no llega o un "me gusta" que nos falta en ese dispositivo tecnológico que cargamos como una extensión de nuestro cuerpo. El motor de la alerta se queda prendido día y noche, y como dicen los mecánicos, si el motor no se apaga, se termina por fundir.

Hay cosas que nos hunden, sí. Y mire, el que siempre elige lo que no incomoda termina con una vida bien enredada. Si usted se calla lo que le duele por no pelear con la mujer o el socio, ese silencio se le va juntando adentro hasta que un día explota y ya no queda nada que remendar. Huir del conflicto es quedarse encerrado en un callejón sin salida. Hay quienes creen que la felicidad es puro placer y andar risa y risa. Pero la vida, como el campo, tiene sus inviernos. Negar el malestar o la tristeza es negar la esencia de ser humano. El que busca solo el alivio rápido se queda vacío, con un ruido de fondo que no lo deja dormir, aunque tenga la panza llena y techo fino. Quedarse en la postura del adolescente rebelde, echándole la culpa de todas sus desgracias a lo que hicieron o no hicieron sus padres, es ser un actor pasivo de su propio destino. Si usted no toma la responsabilidad de su historia, se queda siendo un niño en cuerpo de grande, sin poder caminar hacia su vida propia.

Hay que buscar nuestro "norte", esos valores que a uno le encienden el alma. Si usted sabe que su valor es la profundidad o la familia, podrá aguantar el dolor de panza y el miedo antes de subir a un escenario o tomar una decisión grande, porque sabe que lo que hay detrás vale la pena. Si usted se empeña en ser solo "independiente" y manda la necesidad de ayuda a la "mochila de la sombra", se va a quebrar. El que es sabio aprende a caminar por el medio, sabiendo pedir una mano cuando la carga pesa demasiado. Identificar nuestros valores requiere frenar y mirar lo que hay, preguntarnos qué es lo que de verdad nos importa, más allá de los mandatos sociales.

Una herramienta técnica muy interesante es la "Pregunta del Milagro": cierre los ojos e imagine que mañana sus problemas se esfumaron; lo que quede ahí, esa paz y esa rutina que usted desea, le dirá quién es usted y qué es lo que valora de verdad.

No se quede ahí sentado viendo cómo la vida se les escapa por miedo a sentir un poco de frío o calor. La libertad tiene un peso, y sí, nos condena a elegir, pero es mejor cargar con esa responsabilidad que vivir como un extraño en su propia casa. Deje de esperar que alguien venga a rescatarlo de sus propias decisiones. El propósito no cae del cielo como la lluvia, se busca andando, atravesando el puente del miedo, aunque las piernas nos tiemblen.

¡Sacúdase el polvo, aclare su norte y empiece a tomar esas decisiones difíciles que le van a dar, por fin, una vida verdadera! Del otro lado del miedo está la vida que usted se merece. ¡Vamos a vibrar alto!

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