¿Cómo el mandato patriarcal de la maternidad puede desquiciar la mente de una mujer?

En la infinitud del streaming, donde tantas producciones pasan como torbellinos estériles, la chilena Maite Alberdi ha levantado polvareda con su obra Un hijo propio (2026), disponible en Netflix, a través de la cual explora la disociación psicológica de una mujer que fingió un embarazo y secuestró a una bebé en México. Por ello fue culpada, junto a su esposo, y encarcelada. A los 13 años, 3 meses y 25 días fue liberada. Y hasta se podría pensar que la sociedad que la empujó a delinquir para encajar en el molde de la "buena esposa" fue la misma que la encerró.
Esta película documental es un tejido áspero donde la realidad y la simulación se confunden. Rescata la historia verídica de Eleonor Alejandra Marín Mendoza, una mujer mexicana de 26 años que en el año 2009 conmovió y horrorizó a una parte de los mexicanos. Tras sufrir tres abortos espontáneos y aplastada por la implacable exigencia de su esposo Arturo Calderón y de su familia política para engendrar descendencia, Alejandra toma una determinación desesperada: fingir que sus entrañas han florecido. Durante nueve meses, Alejandra, voluntaria y descontroladamente, engorda su cuerpo, pasando de los 54 a los 89 kilos, devorándose a sí misma para simular una vida. La mentira es tan profunda que su entorno celebra un baby shower lleno de regalos y promesas. Sin embargo, el tiempo de la mentira expira y la realidad exige un ser. Es entonces cuando la protagonista acude al Hospital General de México y, en un acto de absoluta ruptura mental y emocional, sustrae a una recién nacida metiéndola en una bolsa de regalo. Horas más tarde, la ley la alcanza y es condenada. El Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla se convirtió en su nuevo hogar.
Un hijo propio utiliza una estructura híbrida para escenificar la presión social sobre la maternidad y el trauma, culminando en la revelación de la cárcel como un espacio de reconocimiento de la propia identidad. Es una audaz puesta en escena partida en dos mitades interesantes: la recreación estilizada del engaño con actores (encarnada con solvencia por Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia) y el salto crudo al presente testimonial.
Maite Alberdi no buscó este caso en los archivos policiales. Conoció a Alejandra Marín en la cárcel de forma fortuita mientras colaboraba en la serie Libre de reír (Prime Video) junto a la comediante Sofía Niño de Rivera, donde las internas tomaban talleres de comedia. Para la primera mitad del filme, Alberdi y su equipo decidieron usar una paleta de colores pasteles y encuadres simétricos idílicos, tal vez buscando recrear la mentira exactamente como Alejandra la construyó en su mente: una fantasía perfecta que iba mutando en pesadilla. Tras su ovacionado paso por el Festival de Berlín 2026, la película fue incluida en la exclusiva lista de 17 títulos que compiten para representar oficialmente a México en los Premios Oscar y los Premios Goya, justamente porque rompe el molde del true crime tradicional al mezclar el melodrama ficcionalizado con el testimonio documental puro de forma impecable.
En esta obra no hay cielos limpios. Todo es un espacio de expectativas marchitas. Sin embargo, Un hijo propio da la sensación de pretender construir una empatía excesiva, incluso corriendo el riesgo de romantizar un engaño que concluyó en el robo de un ser humano. La madre biológica afectada (Mayra) apenas tiene minutos en pantalla, privando al filme de un necesario contrapeso moral. ¿Entretiene? Sí, absolutamente.
