Offline
Gracias, equipo (2026), dirigida por Diego Núñez Irigoyen, protagonizada por Alexandra Jiménez, Maribel Verdú y Pedro Casablanc y disponible en Netflix
Por Néstor Romero Mendoza
Publicado en 12/09/2026 22:49
SIN FILTRO: COLUMNA SOBRE PELÍCULAS SERIES DOCUMENTAL

¿Entretiene? Absolutamente. “Gracias, equipo” (2026), dirigida por Diego Núñez Irigoyen y disponible en Netflix, es una sátira corporativa que disfraza de comedia negra la desolación y el sálvese quien pueda de la supervivencia laboral, a través del colapso de la histórica empresa de quesos Tío Mochales. Y tras cada escena se va desnudando la falsedad de las dinámicas de integración empresarial en un escenario rural que se siente tan estéril y despiadado. El libreto corre a cargo de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, reconocidos por sus sátiras ácidas previas y su herencia cómica cercana al estilo descarnado de Luis García Berlanga.

Gracias, equipo va de esto: En el pueblo inventado de Vilches del Morrazo, la tierra está seca de escrúpulos y los personajes andan cargando sus propias sombras creyendo viajar hacia la reconexión con los "valores tradicionales" de la quesera Tío Mochales, pero en realidad caminan directo a un matadero de ilusiones y competitividad. En cuanto se confirma el rumor de los despidos masivos en la empresa, la supuesta hermandad corporativa se desmorona y se convierte en un espacio rancio donde cada quien cuida su propio pescuezo y las jerarquías se distorsionan. Olga (Alexandra Jiménez) encarna la culpa de la falsa líder; Pepa (Maribel Verdú), es la frialdad implacable del poder que solo ve números; y Domingo (Pedro Casablanc), representa el viejo roble a punto de ser talado antes de alcanzar su jubilación.

Las interpretaciones de Jiménez, Verdú y Casablanc sostienen la tensión dramática con maestría. El guion de Gracias, equipo no tiene piedad y lanza verdades incómodas sobre el capitalismo tardío que resuenan con fuerza, logrando retratar de forma muy fidedigna las mezquindades humanas cotidianas del entorno laboral. La escalada de locura y hostilidad durante el retiro rural mantiene al espectador enganchado sin tregua.

Sin embargo, algunos roles secundarios caen excesivamente en el arquetipo predecible de la oficina (el tonto, el vago, la jefa desalmada). El tono de los diálogos es tan implacable y carente de empatía a veces que puede resultar agotador para el espectador que busque algún punto de luz moral pues la comedia incómoda y la humillación ajena como motor de los chistes no funciona de la misma forma para todo tipo de audiencias. El clímax final se precipita con demasiada rapidez tras haber dilatado el suspenso durante todo el metraje. La premisa del retiro corporativo destructivo recuerda demasiado a otras producciones internacionales recientes, restándole originalidad a la propuesta base.

Revisar la trayectoria de Diego Núñez Irigoyen exige entender la comedia negra como un bisturí social más allá de la broma grosera, el patetismo y el absurdo como mecanismos para desnudar la miseria moral humana y las fallas de los sistemas contemporáneos. En Gracias, equipo él consolida su estilo visual. Utiliza los planos abiertos y las atmósferas asfixiantes para demostrar cómo el ser humano es capaz de devorar a sus semejantes con tal de complacer a una corporación que lo considera perfectamente reemplazable. Su mérito mayor radica en hacer que el espectador se ría de aquello que en realidad le aterroriza: el desempleo, la marginación, el ridículo o la obsolescencia.

Comentarios
¡Comentario enviado exitosamente!

Chat Online